En la última década, el ayuno intermitente ha dejado de ser un concepto exclusivo de nichos específicos para convertirse en un fenómeno global de salud. Esta práctica, que consiste en alternar periodos de ingesta de alimentos con periodos de abstinencia, ha ganado una tracción considerable en México, impulsada por la búsqueda constante de soluciones eficaces contra el sobrepeso y la obesidad, dos de los desafíos más apremiantes en la agenda sanitaria del país.
Aunque muchas personas adoptan el ayuno por motivos estéticos o de control de peso, su aplicación clínica se ha centrado recientemente en el combate a la resistencia a la insulina y otros padecimientos metabólicos. No obstante, a pesar de los testimonios de éxito y su creciente popularidad, la comunidad científica subraya que sigue siendo una práctica envuelta en la polémica. Lo que para algunos es una herramienta de optimización metabólica, para otros representa un riesgo latente si no se maneja bajo protocolos médicos estrictos y personalizados.
Es importante destacar que el ayuno no es una invención moderna; tiene raíces profundas en la historia de la humanidad, a menudo vinculadas a la simbología religiosa y diversas tradiciones espirituales que lo han practicado por siglos como un método de purificación o disciplina. Sin embargo, el salto de lo ritual a lo terapéutico requiere una validación científica que muchos usuarios suelen omitir al iniciar estos regímenes de manera empírica o influenciados por tendencias en redes sociales.
Silvina Tasat, licenciada en nutrición por la Universidad de Buenos Aires y referente en el área, ha advertido sobre las posibles consecuencias de una implementación inadecuada. En sus intervenciones, Tasat subraya que el ayuno intermitente no debe tomarse a la ligera ni como una 'solución mágica' de aplicación universal. La especialista recalca que cada organismo reacciona de manera distinta ante la privación de nutrientes y que el impacto en el sistema metabólico puede variar drásticamente entre un individuo y otro.
En el contexto mexicano, donde las enfermedades crónico-degenerativas tienen una alta prevalencia, el uso de herramientas como el ayuno debe ser obligatoriamente supervisado por profesionales de la salud. La falta de orientación puede derivar en descompensaciones, pérdida de masa muscular o incluso el agravamiento de condiciones preexistentes. En conclusión, mientras que el ayuno intermitente muestra un potencial interesante en el campo de la nutrición, la precaución y la personalización del tratamiento siguen siendo los pilares fundamentales para garantizar el bienestar integral.



