Altos mandos militares del Reino Unido han solicitado formalmente al primer ministro Keir Starmer que priorice la seguridad nacional y permita a la administración de Donald Trump utilizar bases británicas para eventuales ataques contra Irán. La presión surge tras informes que sugieren que bombarderos estadounidenses habrían recorrido más de cinco mil kilómetros desde el territorio de Diego García para realizar operaciones en la región. Esta petición busca consolidar la alianza estratégica ante las crecientes tensiones en Medio Oriente y la inminente llegada de una postura más agresiva desde la Casa Blanca.
Este movimiento estratégico pone a prueba la relación entre Starmer Trump y la capacidad de Londres para influir en las decisiones militares de Washington fuera de su territorio continental. Aunque el uso de estas instalaciones es un tema de alta sensibilidad diplomática, el Ministerio de Defensa británico mantiene bajo reserva los detalles específicos de las autorizaciones otorgadas a las fuerzas aéreas aliadas. La base de Diego García es considerada un punto neurálgico para el despliegue de aviones B-2 Spirit y B-52, fundamentales en ataques de precisión a larga distancia.
Para México y el resto de Latinoamérica, una escalada militar de esta magnitud en Medio Oriente representa una amenaza directa a la estabilidad económica por la volatilidad en los precios internacionales del petróleo. La cancillería mexicana observa de cerca estos movimientos, ya que el retorno de una política exterior agresiva por parte de Estados Unidos suele reconfigurar las alianzas comerciales y de seguridad en todo el hemisferio occidental. Un conflicto que involucre a potencias nucleares o grandes productores de crudo impactaría inevitablemente en el costo de los combustibles y la inflación en el mercado nacional.
El despliegue de tecnología militar de largo alcance desde territorios de ultramar británicos implica un cambio en el tablero geopolítico que podría obligar a Starmer a tomar una postura definitiva ante las exigencias de la Casa Blanca. De confirmarse la participación logística de Diego García en ataques directos, las repercusiones legales y políticas en el Parlamento británico podrían fracturar el apoyo interno al gobierno laborista. Los expertos advierten que otorgar este permiso significaría una aceptación implícita de la estrategia bélica de Trump, eliminando cualquier espacio de neutralidad para el Reino Unido.
Por ahora, el gobierno del Reino Unido no ha emitido una confirmación oficial sobre la frecuencia de estos vuelos ni sobre el alcance de la cooperación militar con el equipo de Trump para futuras incursiones. Se espera que en las próximas semanas se presenten informes ante comités de seguridad para esclarecer si la soberanía británica se está utilizando como plataforma de lanzamiento para una guerra a gran escala. La decisión final de Starmer definirá si Londres se mantiene como un moderador diplomático o si se convierte en un participante activo en la ofensiva contra Teherán.



