El desmayo, conocido en el ámbito médico como síncope, es una de las experiencias más comunes entre la población general, pero también una de las que más incertidumbre genera. Se define como la pérdida repentina y temporal del conocimiento, usualmente causada por una disminución momentánea del flujo sanguíneo al cerebro. A pesar de lo aparatoso que puede resultar el evento, los expertos en salud coinciden en que, en la gran mayoría de los casos, este suceso no implica la presencia de una enfermedad grave oculta.

Para muchas personas en México, especialmente en ciudades con climas cálidos o en situaciones de aglomeraciones en el transporte público, los desmayos son escenas familiares. Sin embargo, existe un sector considerable de la población que llega a la edad adulta sin haber experimentado jamás un episodio de este tipo. ¿Significa esto que su organismo es diferente o superior? No necesariamente. No haberse desmayado nunca suele ser un indicador de que el sistema nervioso autónomo del individuo regula con gran eficiencia la presión arterial y la frecuencia cardíaca ante estímulos externos como el estrés, el calor o el dolor.

Los especialistas señalan que el síncope vasovagal es el tipo más frecuente y ocurre cuando el cuerpo reacciona de manera exagerada a ciertos desencadenantes. En este sentido, quienes nunca se han desmayado simplemente poseen un umbral de respuesta más estable ante dichas situaciones. Factores como una hidratación adecuada, una buena alimentación —evitando ayunos prolongados— y una predisposición genética favorable juegan un papel determinante en la resistencia de una persona a estos eventos.

Es importante destacar que, aunque el desmayo en sí mismo sea benigno en la mayoría de las ocasiones, la comunidad médica mexicana recomienda no bajar la guardia. Si bien el hecho de no haber sufrido uno es positivo, la aparición repentina de estos episodios en personas que nunca los habían tenido puede ser una señal de alerta. El contexto es clave: en nuestro país, factores como las olas de calor intensas y el estrés laboral son detonantes comunes que pueden llevar a un síncope incluso a personas previamente sanas.

Finalmente, la ciencia médica subraya que tanto si se ha experimentado un desmayo como si no, mantener hábitos de vida saludables es la mejor prevención. En caso de presenciar un evento de este tipo, la recomendación es recostar a la persona, elevar sus piernas y asegurar la ventilación, recordando siempre que, estadísticamente, la mayoría de estos episodios son solo un mecanismo de defensa momentáneo del cuerpo que no compromete la salud a largo plazo.