En la vasta gastronomía mexicana, la papa ocupa un lugar privilegiado, presente desde los antojitos más sencillos hasta los platillos más elaborados de la alta cocina. Sin embargo, este tubérculo ha cargado durante décadas con el estigma de ser un enemigo de la dieta y un promotor directo del sobrepeso. Recientes análisis nutricionales buscan romper este mito, señalando que la papa, por sí sola, es un alimento altamente nutritivo y sorprendentemente bajo en calorías.

La realidad científica es que una papa de tamaño mediano, cocida al vapor o hervida, aporta aproximadamente 160 calorías y prácticamente cero gramos de grasa. Además, es una fuente importante de carbohidratos complejos, potasio, vitamina C y fibra, especialmente si se consume con cáscara. El problema, según coinciden especialistas en salud, no reside en el vegetal en sí, sino en la técnica culinaria que se elige para llevarlo a la mesa.

En México, es común que la papa se consuma frita, en forma de guarniciones industriales o acompañada de ingredientes densos en calorías como mantequilla, crema, queso o embutidos. Cuando una papa se somete a una fritura profunda, como ocurre con las populares papas a la francesa o las frituras de bolsa, su contenido calórico se dispara drásticamente debido a la absorción de grasas saturadas. Es esta transformación la que genera el aumento de peso y no el valor nutricional intrínseco del tubérculo.

Para aprovechar los beneficios de este ingrediente esencial de la canasta básica sin comprometer la salud metabólica, la recomendación es optar por métodos de cocción más saludables. El horneado, la cocción al vapor o el asado permiten mantener la integridad de sus nutrientes y su capacidad de saciedad sin añadir lípidos innecesarios. Al ser un carbohidrato de absorción lenta, puede ser un excelente aliado para mantener los niveles de energía estables durante el día.

En conclusión, desterrar a la papa de la alimentación diaria basándose en el mito del aumento de peso podría privar al consumidor de una fuente económica y accesible de vitaminas y minerales. La clave, como en gran parte de la nutrición, se encuentra en el equilibrio: moderar las porciones y priorizar las preparaciones naturales sobre las procesadas para mantener una dieta balanceada y saludable en el contexto mexicano.