En México, la cultura de la cena suele estar vinculada a platillos abundantes y, en muchas ocasiones, altamente condimentados. Sin embargo, esta tradición culinaria podría ser la razón detrás de las noches de insomnio para millones de ciudadanos. De acuerdo con información reciente destacada por El Informador, realizar ajustes en la dieta nocturna es un paso fundamental para garantizar un ciclo de sueño completo y renovador.
Especialistas en nutrición y medicina del sueño coinciden en que el proceso de digestión influye directamente en la capacidad del cuerpo para relajarse. Ingerir alimentos pesados o irritantes poco antes de ir a la cama obliga al sistema digestivo a trabajar a su máxima capacidad durante horas en las que el organismo debería entrar en un estado de reposo absoluto. Este esfuerzo metabólico no solo provoca indigestión, sino que también puede causar microdespertares que impiden llegar a las fases más profundas y restauradoras del descanso.
Entre los principales factores que sabotean el sueño se encuentran las grasas saturadas y los condimentos excesivos. En el contexto nacional, el consumo de antojitos con alto contenido calórico o salsas muy picantes puede detonar reflujo gastroesofágico y acidez estomacal. El picante, en particular, contiene capsaicina, una sustancia que puede elevar la temperatura corporal central, lo que dificulta que el cerebro active los mecanismos naturales para iniciar el sueño.
Asimismo, se recomienda limitar el consumo de azúcares refinados y carbohidratos simples, presentes frecuentemente en el pan de dulce y los refrescos. Estos alimentos provocan picos de glucosa en la sangre que generan una ráfaga de energía temporal, manteniendo al cerebro en un estado de alerta innecesario para las horas de la noche.
Por otro lado, el consumo de cafeína y alcohol también juega un papel determinante. Mientras que la cafeína es un estimulante directo, el alcohol suele ser malinterpretado como un auxiliar para dormir. Si bien puede inducir una somnolencia inicial, fragmenta el ciclo del sueño durante la madrugada, reduciendo drásticamente su calidad. Para mejorar la higiene del sueño, los expertos sugieren optar por cenas ligeras, como proteínas magras y vegetales, ingeridas al menos dos o tres horas antes de acostarse, permitiendo así que el cuerpo se prepare adecuadamente para la desconexión nocturna.


