Ludivina Lozano Leal, líder de Viccali, encabeza la herencia lucha contra la violencia de género en Monterrey mediante un activismo que busca leyes equitativas en México. A sus 74 años, la activista regiomontana sostiene que su compromiso no nació de la teoría académica, sino de una práctica familiar de igualdad absoluta que la llevó a cuestionar la falta de leyes protectoras para las mujeres en el país desde la década de los setenta. Su labor se mantiene vigente como un pilar para las nuevas generaciones que buscan justicia en un entorno de violencia sistémica.
El impacto de su labor trasciende las fronteras mexicanas, pues el modelo de gestión comunitaria y defensa legal que impulsó tras el evento internacional de 1975 en la Ciudad de México sirve hoy como referente para colectivos en España y otros países de Latinoamérica que enfrentan crisis similares. Lozano advierte que el problema sigue siendo estructural: mientras el activismo crece, las leyes de protección aún enfrentan vacíos legales que ella ha intentado llenar mediante la formación de comités y la exigencia de derechos básicos como vivienda y educación. Para la audiencia en España, su historia resuena con los movimientos de base que buscan blindar los derechos reproductivos y laborales.
La trayectoria de Lozano comenzó en los asentamientos irregulares del sur de Monterrey, donde aprendió que la violencia de género no se combate solo con consignas, sino con acceso real a la salud y la alfabetización. Este enfoque integral es lo que define su herencia lucha, pasando de la labor social en colonias vulnerables a la incidencia política tras tratados internacionales clave. Durante los años noventa, su participación en el marco de la Convención de Belém do Pará fue decisiva para poner nombre a las agresiones que miles de mexicanas sufrían en silencio.
Actualmente, la labor de Vida con Calidad A.C. (Viccali) se mantiene bajo el radar de las autoridades mientras nuevas colectivas buscan institucionalizar las victorias ganadas en las calles. Lo que sigue para el movimiento en México es la consolidación de estos derechos en un clima de creciente inseguridad, donde la experiencia de figuras veteranas como Ludivina aporta la hoja de ruta necesaria para no retroceder. Su legado no es solo una historia de resistencia, sino un manual operativo para la implementación de políticas públicas con perspectiva de género que urge en todo el continente.





