Un tribunal en el Reino Unido dictó una sentencia de 16 años de prisión contra Robert Easom, un jardinero de oficio, tras ser hallado culpable de un ataque extremadamente violento contra su ahora expareja, Trudi Burgess. Los hechos ocurrieron en medio de un arranque de celos y una furia incontrolable, detonados cuando la mujer manifestó su intención de poner fin a la relación sentimental que ambos mantenían.

La agresión, descrita por las autoridades judiciales como "viciosa y contundente", tuvo consecuencias devastadoras para Burgess, de 57 años. Durante el altercado, Easom utilizó una fuerza desmedida que provocó la fractura del cuello de la mujer, dejándola paralizada de forma permanente del pecho hacia abajo. La víctima ahora requiere cuidados médicos especializados de por vida y ha perdido por completo su autonomía física debido a la gravedad de las lesiones cervicales sufridas durante el ataque.

Según los informes presentados durante el juicio por medios locales como el Daily Mail, Robert Easom fue caracterizado por la fiscalía como un "acosador manipulador" que ejercía un control tóxico sobre Burgess. El fiscal del caso destacó que el ataque no fue un incidente aislado, sino la culminación de un patrón de comportamiento abusivo que escaló cuando la víctima decidió buscar su independencia. Testigos y peritos señalaron que la furia del agresor fue desproporcionada al percatarse de que ya no podía someter a su pareja a su voluntad.

Este caso ha generado una fuerte indignación a nivel internacional y pone de relieve la peligrosidad de la violencia de género, una problemática que, al igual que en México, cobra miles de víctimas anualmente. Aunque el incidente ocurrió en territorio británico, las dinámicas de control, los celos patológicos y la escalada de violencia física que desembocan en tragedias permanentes son patrones identificados globalmente por organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres.

Además de la pena de prisión de 16 años, el juez encargado del caso impuso restricciones estrictas para evitar cualquier contacto futuro entre el agresor y la víctima tras su eventual liberación. Trudi Burgess, a pesar de las secuelas físicas irreversibles que marcarán el resto de su vida, ha sido reconocida por su valentía al enfrentar el proceso judicial. El veredicto busca no solo castigar a Easom, sino enviar un mensaje contundente sobre la cero tolerancia a las agresiones motivadas por el control posesivo en las relaciones de pareja.