En los últimos meses, el uso de herramientas de Inteligencia Artificial (IA) ha trascendido el ámbito laboral para adentrarse en los rincones más íntimos de la vida humana: la salud emocional. Según un reporte reciente de CNET, un medio estadounidense especializado en tecnología de consumo, cada vez más personas están recurriendo a chatbots para buscar consuelo o consejos terapéuticos, una tendencia que ha encendido las alarmas entre la comunidad médica y psicológica a nivel internacional.
A primera vista, la interacción con modelos de lenguaje avanzado puede resultar asombrosamente reconfortante. Estos sistemas están programados específicamente para sonar amables, comprensivos y validar las emociones del interlocutor. Sin embargo, los profesionales de la salud advierten que existe una diferencia fundamental entre la "apariencia de empatía" y un tratamiento clínico real. Aunque la IA puede seguir una estructura conversacional lógica, carece de la formación académica, la experiencia clínica y la intuición humana necesarias para abordar trastornos mentales complejos.
En México, donde el acceso a servicios de salud mental de calidad puede enfrentar barreras económicas o geográficas, la tentación de utilizar una aplicación gratuita como un "terapeuta de bolsillo" es considerablemente alta. No obstante, los especialistas señalan que los chatbots no están regulados por las autoridades sanitarias mexicanas, como la Secretaría de Salud, ni están sujetos a los estrictos códigos éticos que rigen a los psicólogos y psiquiatras titulados en el país. Un bot, por avanzado que sea, no puede identificar señales sutiles de crisis ni tiene la capacidad legal o ética para intervenir en situaciones de riesgo vital.
Otro punto crítico resaltado por los expertos es la naturaleza técnica de estos algoritmos. Si bien la IA procesa vastas cantidades de datos, no posee una comprensión real del sufrimiento humano. Su función principal es predecir la siguiente palabra más probable en una oración basada en patrones estadísticos, no diagnosticar una patología psiquiátrica. Confiar ciegamente en un algoritmo para manejar cuadros de ansiedad crónica o depresión severa podría derivar en diagnósticos erróneos o, en el peor de los casos, en sugerencias contraproducentes que pongan en peligro la integridad del usuario.
En conclusión, mientras que la tecnología puede servir como un complemento para la organización personal o el bienestar general, los profesionales coinciden en que bajo ninguna circunstancia debe considerarse un reemplazo de la psicoterapia profesional. Antes de buscar respuestas en una pantalla, los expertos recomiendan acudir a instituciones certificadas o utilizar líneas de ayuda profesional para recibir una atención que sea humana, ética y, sobre todo, segura.

