BEIJING — En un momento en que el gigante asiático se enfrenta a un panorama demográfico crítico, caracterizado por una población que se envejece rápidamente y una tasa de natalidad que ha caído a mínimos históricos, ha surgido un competidor inesperado para las políticas de Estado: la inteligencia artificial. De acuerdo con informes recientes, un número creciente de ciudadanos chinos está optando por entablar vínculos sentimentales con chatbots en lugar de buscar parejas humanas, una tendencia que ha encendido las alarmas entre los sociólogos y funcionarios de gobierno.
Este fenómeno, impulsado por el auge de aplicaciones de compañía virtual impulsadas por modelos de lenguaje avanzados, está complicando seriamente los esfuerzos de Beijing para revertir el declive poblacional. Para muchos jóvenes en China, las intensas presiones económicas, las jornadas laborales extenuantes y el alto costo de la vivienda hacen que una relación tradicional parezca inalcanzable o emocionalmente agotadora. En este contexto, la IA ofrece una alternativa libre de conflictos, disponible las 24 horas y programada para ser el compañero ideal.
Desde una perspectiva de política pública, el problema radica en que estas relaciones digitales no se traducen en matrimonios ni en nacimientos, los dos pilares que el gobierno chino intenta desesperadamente apuntalar. A pesar de que se han implementado medidas que incluyen incentivos fiscales, subsidios de vivienda y la transición de la política del hijo único a la de los tres hijos, la población joven parece estar encontrando refugio en el código informático en lugar de en la interacción humana tradicional.
Para el público mexicano, este escenario resulta un caso de estudio relevante sobre el impacto de la tecnología en la estructura social. Si bien México aún mantiene una pirámide poblacional distinta a la china, la adopción de tecnologías de IA es una tendencia global que está transformando cómo las personas se relacionan. El caso de China pone de relieve una paradoja moderna: mientras la tecnología nos mantiene más conectados que nunca, también puede facilitar un aislamiento voluntario que tiene consecuencias directas en la viabilidad demográfica de una nación.
En conclusión, el desafío que enfrenta China no es únicamente económico o político, sino profundamente cultural. La inteligencia artificial ha dejado de ser una simple herramienta de productividad para convertirse en un refugio emocional para millones, lo que pone en entredicho la efectividad de cualquier plan gubernamental diseñado para repoblar a la segunda economía más grande del mundo.


