En un movimiento estratégico que ha encendido las alarmas en el sector energético regional, el gobierno de Ecuador, encabezado por el presidente Daniel Noboa, oficializó un incremento significativo en las tarifas de exportación de electricidad hacia Colombia. Esta medida, que ya es referida en círculos diplomáticos como un 'tarifazo', surge en un momento crítico donde ambas naciones enfrentan los embates de una severa crisis hídrica que ha mermado su capacidad de generación hidroeléctrica.
El Ministerio de Energía y Minas de Ecuador justificó la decisión señalando la necesidad de priorizar el abastecimiento interno y cubrir los altos costos operativos que implica mantener las plantas termoeléctricas activas ante la falta de lluvias. Según el nuevo esquema tarifario, el costo por kilovatio-hora enviado al vecino país sufrirá un ajuste al alza, eliminando ciertos subsidios y beneficios que anteriormente facilitaban el intercambio energético bilateral. Esta decisión no solo tiene implicaciones económicas inmediatas, sino que también pone a prueba los tratados de interconexión eléctrica vigentes en la Comunidad Andina.
Para los analistas internacionales, este escenario refleja una vulnerabilidad compartida. Ecuador atraviesa por una de las peores sequías de las últimas décadas, lo que ha derivado en apagones programados y un racionamiento que afecta tanto a la industria como al consumo doméstico. Al elevar los costos para Colombia, Quito intenta equilibrar sus finanzas públicas y desincentivar la exportación de un recurso que actualmente escasea en su propio territorio. No obstante, esta maniobra podría provocar una respuesta similar por parte de Bogotá, que también ha limitado sus exportaciones hacia Ecuador en meses recientes debido a niveles bajos en sus embalses.
Desde una perspectiva mexicana, este fenómeno resuena con los desafíos locales de soberanía energética y la dependencia de factores climáticos para la generación de energía. La situación en el cono sur sirve como un recordatorio para México sobre la importancia de diversificar la matriz energética y fortalecer la infraestructura de respaldo ante fenómenos meteorológicos extremos. La crisis entre Ecuador y Colombia subraya que, en un mundo interconectado, la seguridad energética no es solo una cuestión de producción, sino de estabilidad política y cooperación regional.
Se espera que en las próximas semanas las autoridades de ambos países sostengan reuniones de alto nivel para renegociar las condiciones del suministro. Por ahora, el incremento tarifario se mantiene firme, marcando un nuevo capítulo de fricción en la relación comercial de dos de las economías más importantes de la región andina.


