La administración de **Estados Unidos** ha dado un paso decisivo en su estrategia de presión hacia el régimen de Teherán, confirmando un despliegue de recursos militares que el propio mandatario estadounidense ha calificado como sin precedentes. Este movimiento, que busca cercar la influencia de la nación persa en el Golfo Pérsico, se describe ya como una movilización de fuerzas considerablemente superior a la que Washington mantuvo en su momento cerca de las costas de Venezuela, marcando un nuevo clímax en la política exterior de la Casa Blanca.

**¿Qué pasó exactamente?**

El reciente informe sobre la actividad militar estadounidense revela que el país del norte no solo ha mantenido su presencia habitual en la zona, sino que ha reforzado sus capacidades de ataque y vigilancia. El presidente de la nación norteamericana subrayó que esta escala de operación es una respuesta directa a las acciones de Irán, estableciendo una comparativa con la crisis venezolana para ilustrar la magnitud de los activos involucrados: portaaviones, bombarderos estratégicos y sistemas de defensa antimisiles.