La reciente filtración de documentos relacionados con el financiero Jeffrey Epstein ha generado una sacudida mediática a nivel global, pero un nombre en particular ha capturado la atención por razones que trascienden la política: Stephen Hawking. La mención del célebre astrofísico británico en estos archivos no solo ha despertado curiosidad morbosa, sino que ha reavivado un debate profundo y necesario sobre la relación entre la discapacidad severa y la dimensión del deseo humano.

Hawking, quien falleció en 2018, fue durante décadas el rostro más reconocido de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que afecta las neuronas motoras. A pesar de su parálisis casi total, Hawking se convirtió en un ícono de la ciencia moderna. Sin embargo, su aparición en el contexto de las islas de Epstein —donde asistió a una conferencia científica en 2006— ha roto el estigma de la «desexualización» que la sociedad suele imponer a las personas con discapacidades físicas extremas.

Para muchos sectores de la población, resulta difícil conciliar la imagen de un genio atrapado en una silla de ruedas con la idea de un hombre que posee una vida privada, deseos y autonomía personal. Según expertos en sociología, existe una tendencia generalizada a infantilizar a los pacientes con enfermedades motoneuronales, asumiendo que sus limitaciones físicas anulan automáticamente sus necesidades emocionales y biológicas.

En México, este tema cobra una relevancia particular en el marco de la inclusión social. A menudo, el sistema de salud y las estructuras sociales se enfocan exclusivamente en el tratamiento médico y la rehabilitación física, dejando de lado la salud mental y el derecho a la intimidad de los pacientes. El caso de Hawking, aunque vinculado a un escenario polémico como el de Epstein, sirve como un recordatorio de que la identidad de una persona con discapacidad no se limita a su diagnóstico médico.

El periodismo profesional debe abordar estos hechos con objetividad, separando las especulaciones legales de la realidad humana. Si bien los documentos no señalan conductas ilícitas por parte del científico, su presencia en dichos círculos sociales subraya que las personas con ELA continúan siendo individuos con una vida social y privada compleja. Al final, el legado de Hawking no solo reside en sus teorías sobre los agujeros negros, sino en haber desafiado, incluso tras su muerte, los prejuicios sobre lo que significa vivir con una discapacidad motriz.