La cultura de la prevención sísmica en México se ha consolidado como un pilar fundamental para la seguridad pública tras las lecciones aprendidas en décadas pasadas. Ante la constante actividad tectónica que caracteriza al territorio nacional, el Gobierno Federal, a través de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC), ha comenzado a trazar la ruta estratégica para lo que serán los Simulacros Nacionales del año 2026. Estas jornadas anuales no representan únicamente un trámite administrativo o un recordatorio histórico, sino que constituyen una herramienta de supervivencia que permite a millones de ciudadanos practicar evacuaciones y protocolos de emergencia en entornos controlados.
El objetivo primordial de estos ejercicios masivos es fortalecer la capacidad de reacción de la ciudadanía ante una emergencia real de gran magnitud. De acuerdo con los lineamientos de las autoridades de Protección Civil, la recurrencia de los simulacros permite identificar fallas críticas en los planes de evacuación de inmuebles, verificar el funcionamiento preventivo de los altavoces de la Alerta Sísmica (SASMEX) y garantizar que las instituciones de primera respuesta, como la Cruz Roja Mexicana, la Secretaría de la Defensa Nacional y el Heroico Cuerpo de Bomberos, coordinen sus esfuerzos de manera eficiente bajo el Plan DN-III-E y el Plan Marina.
Aunque las fechas exactas para el calendario de 2026 suelen confirmarse oficialmente con meses de antelación, la tradición institucional en México sugiere una agenda de preparación constante. Históricamente, el ejercicio más emblemático ocurre cada 19 de septiembre, una fecha que ha marcado profundamente la memoria colectiva tras los sismos de 1985 y 2017. No obstante, en la búsqueda de una preparación integral, se ha vuelto habitual programar al menos un simulacro nacional adicional durante el primer semestre del año para mantener el estado de alerta y conciencia constante entre la población civil y el sector privado.
Para el ciclo 2026, se prevé que el Simulacro Nacional incorpore escenarios de riesgo diversificados. Si bien los movimientos telúricos representan la hipótesis más común debido a la geografía del país, las autoridades han enfatizado la necesidad de adaptar estos ejercicios a las realidades regionales, incluyendo hipótesis por inundaciones, incendios o huracanes en estados donde estos riesgos son más prevalentes. La participación activa de escuelas, centros de trabajo y dependencias gubernamentales será clave para medir la efectividad de las brigadas internas de protección civil.
Finalmente, la CNPC hace un llamado a la ciudadanía para no tomar estos ejercicios a la ligera y registrar sus inmuebles en las plataformas oficiales previo a las jornadas. El éxito de un simulacro no se mide por la rapidez de la evacuación, sino por la correcta ejecución de los protocolos que, en el momento de un siniestro real, marcan la diferencia entre la vida y la muerte. En un país con una alta sismicidad como México, la prevención no es una opción, sino una responsabilidad compartida entre gobierno y sociedad.



