La falta apoyos gubernamentales efectivos y el impacto severo de las sequías han provocado que México pierda su posición dentro del top 10 de productores agropecuarios mundiales, aumentando drásticamente la necesidad de importar granos y oleaginosas. De acuerdo con el último reporte del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas, el país descendió al onceavo puesto global, siendo superado por Australia, tras haber ocupado el noveno lugar hace apenas dos años. Esta caída refleja una desconexión entre el discurso político y la realidad técnica de las parcelas mexicanas.

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Juan Carlos Anaya, director general del GCMA, destacó durante la presentación de las Perspectivas Agroalimentarias que la productividad del maíz en México es alarmante: en las últimas dos décadas el rendimiento por hectárea apenas pasó de 1.8 a 3 toneladas. En contraste, el sector hortofrutícola, que goza de mayor tecnificación y rentabilidad privada, logra producir entre 60 y 70 toneladas de jitomate por hectárea. La paradoja reside en que el presupuesto público se concentra en el sector de granos, pero los resultados en eficiencia productiva no se materializan, dejando al país vulnerable ante mercados externos. (Lee también: Por qué el banco bienestar cambia su estrategia tras el caso El Mencho.)

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Esta situación de vulnerabilidad no es ajena a otros países de Latinoamérica o a España, donde el encarecimiento de los fertilizantes y la volatilidad geopolítica también presionan los costos de producción. No obstante, para México el reto es de seguridad nacional, ya que la dependencia de importaciones de granos básicos expone directamente la inflación de la canasta básica a factores que el gobierno no puede controlar. La falta de una estrategia económica sólida para el campo está transformando la autosuficiencia alimentaria en una meta cada vez más lejana para la región. (Lee también: Por qué el pago de la Pensión Bienestar este 20 de marzo cambia todo.) (Lee también: 5 razones por las que el proteccionismo y la dependencia preocupan a APEC.)

Para el cierre del ciclo actual y las proyecciones hacia 2026, el panorama sugiere que sectores como el pecuario y el hortofrutícola mantendrán una salud aceptable, mientras que el agroindustrial y el de granos seguirán en una fase crítica de estancamiento. El sector primario requiere de forma urgente una reingeniería que priorice la transferencia tecnológica por encima de los subsidios asistenciales. Sin este cambio, el costo de los alimentos básicos para las familias mexicanas seguirá sujeto a la disponibilidad de excedentes en otros países y a la fluctuación del tipo de cambio.