El género del narcocorrido atraviesa una de sus etapas más críticas y complejas en México. En este contexto, el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, alias el **Mencho, figura** como un elemento central que ha reavivado la controversia sobre la apología del delito en los escenarios nacionales.
**¿Qué pasó?**
La chispa que detonó la enésima polémica ocurrió recientemente durante una presentación de la agrupación sinaloense Los Alegres del Barranco. En las pantallas gigantes del evento se proyectó una fotografía del capo, un hombre que se ha caracterizado por mantener un perfil extremadamente bajo y del cual existen muy pocas imágenes actuales. Este gesto, lejos de ser un accidente, fue interpretado por analistas y autoridades como un acto de presencia simbólica de uno de los criminales más buscados por México y Estados Unidos en un espacio de entretenimiento público.
**¿Por qué importa?**
A diferencia de otros líderes del narcotráfico que históricamente buscaron la exposición mediática, el Mencho es una sombra que domina gran parte del territorio nacional desde la clandestinidad. Sin embargo, su influencia ha permeado profundamente en la lírica del regional mexicano. El hecho de que su imagen sea proyectada en conciertos masivos subraya el papel de la música como una herramienta de propaganda y reconocimiento social para los grupos delictivos, lo que genera una tensión directa con las políticas de seguridad pública.
Esta situación coloca a los artistas en una posición delicada. Por un lado, los músicos argumentan que sus composiciones son crónicas de la realidad social mexicana; por otro, las autoridades de diversos estados han endurecido las sanciones contra quienes interpreten temas que enaltezcan la violencia. El caso de Los Alegres del Barranco no es aislado, sino un síntoma de una industria que camina sobre la cuerda floja entre el éxito comercial y el escrutinio legal.
**¿Qué sigue?**
El debate legislativo en entidades como Baja California, Chihuahua y Sinaloa sigue cobrando fuerza, buscando prohibir o multar severamente las presentaciones que hagan alusión directa al crimen organizado. Mientras tanto, la imagen del Mencho seguirá siendo un tema recurrente en los estudios de grabación, desafiando los intentos del Estado por mitigar el impacto cultural de la narcocultura en las nuevas generaciones. La industria musical enfrenta ahora el reto de renovar sus temáticas o seguir operando bajo la sombra de figuras que simbolizan la violencia en el país.



