El escándalo que puso en jaque a la monarquía británica ha tomado un nuevo aire tras la resolución del caso legal en Estados Unidos. Tras meses de tensión en los tribunales, la demanda interpuesta por Virginia Giuffre contra el entonces príncipe Andrés se desvaneció repentinamente mediante un acuerdo financiero. No obstante, este pago de 12 millones de libras ha dejado abiertas las nine urgent (nueve urgentes) interrogantes que la opinión pública y los medios de comunicación exigen aclarar para dar por concluido este oscuro episodio.

Andrés de York, hijo de la fallecida reina Isabel II y hermano del actual monarca Carlos III, enfrentaba acusaciones de agresión sexual relacionadas con la red de tráfico de Jeffrey Epstein. Para los lectores en México, este caso representa uno de los desafíos de relaciones públicas más grandes en la historia moderna de la Casa Real, afectando no solo la imagen del príncipe, sino la legitimidad de la institución misma. Justo cuando el proceso legal parecía inevitable, el millonario desembolso detuvo las acciones legales, dejando en el aire las nine urgent cuestiones sobre la procedencia de los recursos.

Una de las dudas más punzantes es determinar si el dinero provino de los fondos privados de la reina Isabel II o si se utilizaron recursos del Ducado de Lancaster, lo que implicaría un uso cuestionable de fondos que, aunque privados, están vinculados a la figura del soberano. La falta de transparencia financiera ha alimentado teorías sobre un posible encubrimiento para proteger el prestigio de la familia real antes de las celebraciones del Jubileo de Platino de la monarca en aquel entonces.

Además, el acuerdo no incluyó una admisión de culpabilidad por parte del príncipe Andrés, lo que ha generado indignación entre activistas y víctimas de abuso sexual. Las nine urgent preguntas también cuestionan por qué, si el príncipe sostenía su inocencia de manera tan vehemente, optó por un pago tan elevado en lugar de defenderse en un juicio abierto. Este silencio comprado, como lo han denominado algunos críticos, sugiere que el riesgo de un testimonio público era demasiado grande para la Corona.

Finalmente, el impacto en la estructura de la Casa Real persiste. Aunque Andrés fue despojado de sus títulos militares y patrocinios reales, su presencia en eventos familiares sigue siendo un punto de fricción. El caso Giuffre puede haber terminado legalmente, pero las implicaciones éticas y las respuestas que aún faltan por entregar mantienen el tema en la agenda internacional como un recordatorio de que el dinero puede detener un juicio, pero no siempre logra borrar la sospecha.