El escenario tras el operativo contra Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", revela la vulnerabilidad de la estructura de seguridad del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en su propio bastión. En un fraccionamiento de lujo, el segundo anillo de protección del líder criminal sucumbió apenas a un kilómetro de su escondite principal, dejando tras de sí una estela de destrucción que evidencia la magnitud del enfrentamiento con las fuerzas federales.
En el sitio de la incursión, el paisaje es desolador: vehículos calcinados, cientos de casquillos de diversos calibres esparcidos por el suelo y cámaras de videovigilancia inutilizadas sistemáticamente por los presuntos sicarios. Estas cabañas de lujo, que funcionaban como búnkeres para la guardia personal del capo, hoy lucen abandonadas y, sorpresivamente, carecen de resguardo permanente por parte de las autoridades federales a pesar de su relevancia logística.
Al interior de las viviendas, los rastros confirman una huida abrupta y desesperada. Los peritajes y crónicas desde el lugar describen restos de comida en las mesas, camas destendidas y objetos personales abandonados a toda prisa. Entre las pertenencias destacan diversas figuras religiosas, un elemento común en la narcocultura del CJNG, que quedaron como mudos testigos del desmantelamiento de este círculo de seguridad.
Las repercusiones del operativo se extendieron rápidamente por el Occidente y el Bajío mexicano. Tras los hechos registrados el pasado 22 de febrero, las autoridades han iniciado procesos legales contra múltiples implicados en las reacciones violentas. En Guanajuato, cuatro sujetos han sido vinculados a proceso por delitos de terrorismo tras los actos vandálicos que siguieron a la captura. Por su parte, en Jalisco, 13 individuos fueron imputados por la quema de vehículos y bloqueos que paralizaron diversas arterias viales del estado.
En medio de la ofensiva judicial, surge la controversia por posibles errores en las detenciones. Una familia ha denunciado públicamente la reclusión de un pariente en la Ciudad de México, asegurando que se trata de un simple trabajador de la construcción que se encontraba en el lugar por motivos laborales. Según sus testimonios, el hombre no guarda relación alguna con el crimen organizado y hoy enfrenta un proceso legal lejos de su hogar, lo que abre una interrogante sobre la precisión de los protocolos de inteligencia operativa durante la crisis.
El operativo contra "El Mencho" marca un hito en la estrategia de seguridad nacional, pero deja tras de sí una región marcada por la violencia y un proceso judicial complejo que apenas comienza a deslindar responsabilidades entre los verdaderos operadores del cártel y los posibles daños colaterales de la intervención.


