La sierra de Tapalpa, en el estado de Jalisco, ha dejado de ser únicamente un destino turístico de cabañas de lujo para convertirse en el mudo testigo de uno de los enfrentamientos más violentos de los últimos meses. En un reciente acceso al sitio del conflicto, se han documentado las huellas de la batalla que enfrentó al Ejército Mexicano con el círculo de seguridad más cercano de Nemesio Oseguera Cervantes, alias 'El Mencho', líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El escenario es dantesco. En lo que solía ser un opulento complejo vacacional, la arquitectura de montaña ahora está perforada por cientos de impactos de proyectiles de grueso calibre. Al recorrer los pasillos y las habitaciones del inmueble, aún se percibe el rastro del combate: manchas de sangre en los suelos de madera, miles de casquillos percutidos de diversos calibres y restos de equipo táctico que fueron abandonados en la huida o tras la caída de los combatientes.
La operación militar, dirigida contra el corazón operativo del capo más buscado por las autoridades de México y Estados Unidos, transformó la tranquilidad de la zona boscosa en un campo de guerra. En el exterior de las cabañas, vehículos de lujo, algunos de ellos con blindaje artesanal, permanecen calcinados o destrozados por la artillería empleada durante la incursión. El despliegue de las fuerzas federales buscaba desarticular la estructura de protección que rodea a Oseguera Cervantes, en una zona que históricamente ha servido como refugio estratégico para la cúpula del cártel.
Para los ciudadanos, este evento no es un hecho aislado, sino un recordatorio de la complejidad de la seguridad en regiones donde el crimen organizado ha echado raíces. La presencia de equipo táctico de última generación y la férrea resistencia mostrada por los sicarios evidencian el nivel de equipamiento y entrenamiento que posee la escolta personal del líder criminal, lo que supone un reto constante para las fuerzas armadas.
Aunque el destino final del 'Mencho' tras este operativo sigue siendo objeto de especulaciones, el rastro de la violencia en la sierra jalisciense es innegable. Las autoridades mantienen bajo resguardo el perímetro, mientras que los restos de sangre y metal quedan como evidencia de una de las ofensivas más directas contra la estructura de mando del CJNG en tiempos recientes.


