A sus 95 años, Alejandro Jodorowsky, una de las figuras más enigmáticas y polifacéticas del cine de vanguardia, ha decidido echar la vista atrás para reflexionar sobre una trayectoria marcada por el misticismo, la controversia y una ambición artística sin límites. El cineasta, reconocido internacionalmente por proyectos tan colosales como su versión fallida de 'Dune', se encuentra hoy en una etapa de profunda introspección sobre su vasto legado en el séptimo arte.

Aunque nació en Chile, Jodorowsky mantiene un vínculo indisoluble con México, país que fue fundamental para el desarrollo de su lenguaje creativo. Durante su estancia en territorio mexicano en las décadas de los 60 y 70, el realizador transformó el panorama cultural nacional. Fue aquí donde filmó obras cumbres del cine de culto como 'El Topo' (1970) y 'La montaña sagrada' (1973). Estas producciones no solo desafiaron las convenciones narrativas y religiosas de la época, sino que posicionaron a México como un epicentro del surrealismo cinematográfico y el movimiento psicodélico global.

Sin embargo, su nombre suele estar ligado de forma recurrente a lo que muchos críticos llaman 'la mejor película nunca filmada': su adaptación de la novela 'Dune' de Frank Herbert. A mediados de la década de los 70, Jodorowsky reunió a un equipo de genios que incluía a Salvador Dalí, Orson Welles, Pink Floyd y los artistas visuales H.R. Giger y Jean Giraud 'Moebius'. Aunque el financiamiento colapsó y el proyecto jamás se materializó, el guion gráfico y los conceptos visuales sentaron las bases para éxitos posteriores de la ciencia ficción como 'Star Wars' y 'Alien'.

Hoy, al alcanzar casi un siglo de vida, el creador de la técnica terapéutica conocida como 'psicomagia' sigue siendo una referencia obligada para entender el cine experimental. Su mirada retrospectiva no es un adiós, sino la reafirmación de una filosofía de vida que prioriza la imaginación sobre la industria. Para el público mexicano, Jodorowsky sigue siendo ese artista disruptivo que encontró en las calles y los paisajes de México el escenario perfecto para proyectar sus sueños y pesadillas más profundas.