San Francisco, California — En un nuevo capítulo de la creciente disputa por la supremacía tecnológica mundial, la empresa estadunidense Anthropic ha lanzado una grave acusación contra tres de sus principales competidores en China. Según la firma con sede en San Francisco, los laboratorios DeepSeek, Moonshot AI y MiniMax habrían orquestado campañas de extracción ilícita de datos para mejorar sus propios modelos de inteligencia artificial (IA), en lo que describieron como un robo de propiedad intelectual a "escala industrial".
De acuerdo con el reporte emitido por la empresa desarrolladora del chatbot Claude, estas firmas asiáticas emplearon una técnica conocida como "destilación". Este proceso consiste en utilizar las respuestas y el razonamiento de un sistema de IA más potente y sofisticado para entrenar y elevar rápidamente el rendimiento de un modelo menos capaz. Aunque la destilación es una práctica común cuando las empresas la aplican sobre sus propios desarrollos para crear versiones más ligeras, Anthropic sostiene que en este caso se trata de una explotación no autorizada de su tecnología de punta.
La escala de la operación es alarmante: Anthropic reportó el uso de aproximadamente 24,000 cuentas falsas para realizar 16 millones de intercambios con su modelo Claude. Esta estrategia permitió a los laboratorios chinos adquirir capacidades avanzadas que no habían desarrollado de forma independiente, lográndolo a una fracción del costo original y en un tiempo récord de investigación. Con ello, las empresas acusadas habrían logrado equiparar el rendimiento de sus sistemas al de los líderes del mercado estadunidense, desafiando las suposiciones sobre la ventaja competitiva de Washington en este sector.
El impacto de estas acciones trasciende lo estrictamente corporativo. Anthropic subrayó que, al extraer estas capacidades, las empresas chinas lograron eludir los estrictos controles de exportación impuestos por el gobierno de Estados Unidos sobre tecnología avanzada. Asimismo, la firma advirtió sobre riesgos críticos para la seguridad nacional, señalando que los modelos construidos mediante esta técnica ilícita difícilmente conservan los mecanismos de seguridad originales. Esto incluye las restricciones diseñadas específicamente para evitar que la IA sea utilizada en la creación de armas biológicas o en la ejecución de ciberataques complejos.
Para México, este conflicto internacional pone de relieve la importancia de la soberanía digital y la ciberseguridad en un contexto de creciente integración tecnológica. En medio del auge del 'nearshoring', la protección de la propiedad intelectual y la seguridad de las herramientas de IA se vuelven factores determinantes para las empresas mexicanas que adoptan estas tecnologías en sus procesos productivos. La denuncia de Anthropic deja claro que la carrera por la IA no solo es una competencia comercial, sino una batalla geopolítica donde la ética y la seguridad están bajo asedio constante.



