La llegada de la inteligencia artificial (IA) generativa ha transformado la interacción humana con la tecnología, ofreciendo una conveniencia sin precedentes que permite resolver dudas, redactar correos o incluso generar código de programación en cuestión de segundos. Sin embargo, esta facilidad de uso oculta una realidad preocupante: los riesgos de privacidad en internet, lejos de desaparecer, se han vuelto más complejos y difíciles de rastrear.
De acuerdo con un análisis reciente de NYT Technology, la simplicidad de los chatbots invita a los usuarios a entablar conversaciones naturales, lo que a menudo deriva en la divulgación involuntaria de información sensible. Lo que antes era un riesgo limitado a formularios web o redes sociales, ahora se expande a diálogos continuos donde la IA procesa y, en muchos casos, almacena los datos para "aprender" y mejorar sus modelos de lenguaje.
En el contexto mexicano, esta situación cobra especial relevancia. Mientras que el país avanza rápidamente en la adopción tecnológica, las instituciones encargadas de la protección de datos personales, como el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), enfrentan el reto constante de vigilar herramientas que operan a nivel global y bajo legislaciones extranjeras. Para el usuario promedio en México, la falta de una cultura de ciberseguridad robusta aumenta considerablemente la vulnerabilidad ante posibles filtraciones de datos o el uso indebido de su identidad digital por parte de terceros.
El problema fundamental radica en que muchas de estas plataformas no garantizan el borrado inmediato de la información compartida por el usuario. Al interactuar con asistentes virtuales populares, es crucial recordar que se está alimentando una base de datos corporativa que podría ser vulnerable. Por ello, la recomendación de los especialistas es clara y contundente: nunca se deben compartir secretos comerciales, contraseñas, información financiera detallada o aspectos íntimos de la vida privada con un chatbot, por muy "humana" que parezca la respuesta recibida.
A medida que la inteligencia artificial se integra de forma profunda en nuestras herramientas de trabajo y de ocio, la responsabilidad de proteger la huella digital recae principalmente en el individuo. La conveniencia tecnológica no debe ser un cheque en blanco para comprometer la privacidad personal. Es imperativo que los usuarios mexicanos desarrollen un criterio crítico y entiendan que, en la actual era digital, la cautela informativa es la mejor defensa contra los riesgos que la inteligencia artificial ha comenzado a amplificar de manera acelerada.



