Un reciente y ambicioso estudio liderado por especialistas de la Universidad de Oxford ha arrojado luz sobre la estrecha relación entre la alimentación y el desarrollo de enfermedades oncológicas. La investigación, que analizó minuciosamente los datos clínicos y los hábitos de vida de más de 1.8 millones de personas, concluye que ciertos patrones dietéticos están directamente vinculados con una disminución significativa en el riesgo de padecer al menos cinco tipos específicos de cáncer.
Este análisis masivo, catalogado como uno de los más extensos y rigurosos realizados hasta la fecha, evaluó el impacto de la dieta en la aparición de 17 variedades distintas de tumores malignos. Los resultados sugieren que las personas que optan por modificar su ingesta diaria, priorizando alimentos de origen vegetal y reduciendo o eliminando el consumo de carnes rojas y procesadas, presentan una protección superior contra padecimientos que afectan el sistema digestivo y otros órganos vitales. Entre los regímenes destacados se encuentran las dietas vegetarianas y pescatarianas, las cuales mostraron una correlación positiva con la salud a largo plazo.
En el contexto de México, estos hallazgos cobran una relevancia fundamental. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Cancerología (INCan), el cáncer se mantiene como una de las principales causas de mortalidad en el país. El incremento en el consumo de productos ultraprocesados y la transición hacia una dieta occidentalizada han contribuido al alza de casos en la población mexicana. Por ello, la evidencia científica de Oxford refuerza la necesidad de retomar dietas ricas en legumbres, cereales integrales y vegetales, elementos que históricamente han formado parte de la gastronomía tradicional mexicana.
Los investigadores destacaron que, si bien la genética y otros factores ambientales juegan un papel en el desarrollo de la enfermedad, los factores modificables como la nutrición son determinantes en la prevención primaria. El estudio subraya que el riesgo de padecer tipos específicos de cáncer, como el colorrectal y el de mama postmenopáusico, disminuye considerablemente bajo estos regímenes alimenticios.
Este avance científico no solo representa un hito para la medicina preventiva global, sino que también sirve como una llamada de atención para las políticas de salud pública en México. Fomentar entornos alimentarios más saludables y educar a la población sobre los beneficios de una dieta balanceada podría ser la clave para reducir la carga epidemiológica del cáncer en las próximas décadas.


