Un nuevo análisis científico internacional ha encendido las alarmas en el sector salud al concluir que el consumo de alimentos ultraprocesados podría ser tan adictivo como el tabaquismo. Según la investigación, estos productos no solo son perjudiciales por su bajo valor nutricional, sino que están formulados específicamente para maximizar la gratificación sensorial y acelerar la absorción de ingredientes que refuerzan la conducta de consumo compulsivo.

Los investigadores destacan que la "naturaleza adictiva" de estos alimentos no es una casualidad biológica, sino el resultado de procesos industriales diseñados para aumentar la recompensa en el cerebro. Al igual que los productos de tabaco, los ultraprocesados logran alterar los mecanismos biológicos que regulan el hambre y la saciedad, lo que conduce a un consumo incontrolado y dificulta que las personas dejen de consumirlos, incluso cuando son conscientes de los daños que provocan a su salud.

En el contexto de México, país que ha sido pionero a nivel mundial con la implementación del etiquetado frontal de advertencia (los conocidos sellos negros de la NOM-051), este hallazgo adquiere una relevancia crítica. El estudio refuerza la postura de diversas organizaciones civiles y autoridades sanitarias mexicanas que buscan limitar el alcance de la publicidad de estos productos, especialmente aquellos dirigidos a niños. Los autores de la revisión sugieren que, dada la evidencia de su potencial adictivo, los alimentos ultraprocesados deberían estar sujetos a normativas de comercialización y políticas fiscales estrictas, similares a las aplicadas a la industria tabacalera.

Para el consumidor promedio, identificar estos productos es clave para la prevención. Los expertos definen a los ultraprocesados como aquellos que contienen ingredientes industriales que no se encuentran habitualmente en las alacenas de un hogar mexicano, tales como colorantes, saborizantes artificiales, emulsionantes, edulcorantes y conservadores químicos que buscan prolongar su vida útil y hacerlos irresistiblemente palatables.

Este descubrimiento representa un cambio de paradigma necesario en la salud pública global. Al reconocer formalmente que ciertos alimentos pueden generar una dependencia química y psicológica, se abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas y legislativas para combatir la creciente epidemia de obesidad, diabetes e hipertensión que afecta a millones de ciudadanos en el país y en el mundo.