Una reciente investigación científica ha puesto de relieve un vínculo alarmante entre el sedentarismo y el agravamiento de las complicaciones en pacientes con diabetes tipo 2. El estudio, publicado originalmente en la revista especializada Journal of Sport and Health Science, revela que la falta de movimiento no solo afecta el control de la glucosa, sino que está directamente relacionada con el desarrollo de enfermedades oculares y accidentes cerebrovasculares.

Para México, donde la diabetes es una de las principales crisis de salud pública y una de las mayores causas de mortalidad, estos hallazgos resultan fundamentales. La investigación sugiere que muchas de las consecuencias más devastadoras de este padecimiento, que a menudo derivan en discapacidad o pérdida de la autonomía, podrían ser prevenibles mediante un incremento en la actividad física diaria.

Los investigadores detallaron que los niveles bajos de ejercicio físico están asociados con un mayor riesgo de sufrir daños en los vasos sanguíneos. Esto puede manifestarse como retinopatía diabética, que compromete seriamente la visión, o en obstrucciones arteriales que desencadenan infartos cerebrales. El estudio subraya que el ejercicio no debe considerarse una opción, sino una parte integral del tratamiento médico para evitar que la enfermedad progrese hacia etapas críticas.

Ante estos resultados, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) —la agencia de salud pública de Estados Unidos y referente internacional en protocolos médicos— reiteran su recomendación para la población adulta. Los expertos sugieren que las personas mayores de 18 años realicen al menos 150 minutos a la semana de actividad física de intensidad moderada. En términos prácticos, esto se traduce en caminatas rápidas o actividades similares durante 30 minutos al día, cinco veces por semana.

Finalmente, los especialistas enfatizan que mantenerse activo ayuda al cuerpo a procesar mejor la insulina y protege el sistema cardiovascular. En un contexto donde el sistema de salud mexicano enfrenta una carga creciente por enfermedades crónicas, la adopción de hábitos activos se presenta como la estrategia de prevención más efectiva y económica para mejorar la calidad de vida de millones de pacientes.