Ciudad de México — A raíz de los recientes análisis sobre el panorama delictivo en el país, el periodista Héctor de Mauleón ha puesto sobre la mesa una advertencia crítica para la administración federal: la captura o abatimiento de los grandes capos no garantiza la paz si no se interviene la estructura de poder en el ámbito municipal. En su más reciente columna, De Mauleón subraya que la verdadera fuerza de organizaciones como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) no reside únicamente en su cúpula, sino en el control territorial que han cimentado a nivel local.
El columnista recuerda un antecedente histórico que marcó un punto de inflexión en la seguridad nacional. Tras el abatimiento de Arturo Beltrán Leyva en Cuernavaca, la cadena criminal que mantenía cierta cohesión se rompió abruptamente. Lejos de traer orden, este vacío de poder desencadenó lo que el periodista describe como un «infierno» que se extendió desde el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México hasta el puerto de Acapulco, fragmentando el control y multiplicando la violencia por la disputa de los remanentes.
En el contexto actual, tras los reportes sobre el fin del liderazgo de Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», De Mauleón destaca que el poder de este grupo se consolidó precisamente en los municipios. Según el autor, diversas nóminas de pago interceptadas al grupo criminal han revelado la profundidad de la complicidad gubernamental en los niveles más bajos de la administración pública. Estas redes de protección permiten que la estructura delictiva se mantenga funcional e intacta, incluso cuando sus líderes principales son removidos del mapa.
Para el analista, el Gobierno Federal tiene la urgencia de voltear a ver la base de la pirámide criminal. La lección del pasado es clara: descabezar a una organización sin sanear las policías y gobiernos municipales solo conduce a una recomposición del crimen con nuevos rostros, pero con la misma capacidad operativa. El reto, por tanto, no es solo la neutralización de objetivos prioritarios, sino el desmantelamiento de los cimientos políticos y económicos que el crimen organizado ha construido en el corazón de los municipios mexicanos.



