Las montañas de Tapalpa, Jalisco, conocidas por su atractivo turístico y exclusividad, se convirtieron recientemente en el escenario de uno de los enfrentamientos más crudos entre las fuerzas federales y el círculo de seguridad de Nemesio Oseguera Cervantes, alias 'El Mencho'. Tras el cese al fuego, el complejo de cabañas de lujo donde se registró la batalla exhibe las marcas de una guerra frontal: paredes perforadas, cristales rotos y el rastro de una huida precipitada por parte de la estructura criminal.

En una incursión a la zona del conflicto, se ha podido constatar el estado actual de la propiedad tras el embate de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA). El panorama es desolador y revelador a la vez. En el interior de las fincas, que anteriormente servían como refugio de alta gama para el grupo delictivo, aún se observan manchas de sangre seca sobre los pisos de madera y una cantidad incontable de casquillos de grueso calibre esparcidos por los jardines y las habitaciones principales. El enfrentamiento dejó clara la capacidad de fuego con la que cuenta el brazo armado del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en su bastión principal.

Además de los daños estructurales, en el sitio permanecen vehículos con blindaje artesanal, algunos de ellos con impactos de bala que lograron atravesar incluso el acero reforzado. El equipo táctico abandonado —chalecos antibalas con insignias del cártel, cascos, cargadores y uniformes camuflados— sugiere que los escoltas del líder criminal estaban preparados para una resistencia prolongada antes de verse superados por el despliegue operativo del Ejército.

Este incidente en la sierra jalisciense no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia de presión constante sobre la estructura de mando del CJNG. Tapalpa, tradicionalmente un destino de descanso para las familias del occidente del país, se ha visto envuelto en la dinámica de violencia que azota a la entidad, transformando la paz de sus bosques en un campo de batalla donde la guardia personal de uno de los hombres más buscados del mundo se midió cara a cara con la élite castrense.

A pesar de la violencia del choque, el rastro de los involucrados se pierde en la densa vegetación de la sierra, dejando tras de sí un cementerio de objetos y evidencias que las autoridades continúan procesando. La seguridad en la región se mantiene reforzada con retenes militares, mientras el eco de las detonaciones sigue resonando en la memoria de una comunidad que vio cómo la guerra contra el narcotráfico alcanzaba sus puertas más exclusivas.