En una reciente y alarmante radiografía de la situación política en Medio Oriente, el activista iraní Taghi Rahmani ha denunciado un endurecimiento sin precedentes en las tácticas represivas del régimen de Teherán. Según Rahmani, la administración iraní se encuentra en una fase de agresividad creciente que tiene como objetivo central el aniquilamiento de cualquier forma de disidencia interna.
Estas declaraciones surgen en un momento crítico, marcado por la reciente detención de su esposa, Narges Mohammadi, galardonada con el Premio Nobel de la Paz. Mohammadi, una figura emblemática en la lucha por los derechos de las mujeres y la abolición de la pena de muerte, ha sido blanco constante de la persecución estatal, convirtiéndose en el símbolo de una nación que clama por reformas estructurales y respeto a las garantías individuales.
Para el público en México, un país que también enfrenta desafíos significativos en la protección de periodistas y defensores de derechos humanos, el caso de Irán resuena como un recordatorio de la fragilidad de las libertades civiles ante poderes autoritarios. La situación de Mohammadi no es un hecho aislado, sino parte de un patrón de comportamiento de un gobierno que, ante el estallido social y la pérdida de legitimidad, opta por la fuerza para mantener el control de la narrativa pública y la estabilidad política.
Rahmani enfatiza que la estrategia de Teherán consiste en silenciar sistemáticamente las voces que han ganado eco internacional. "El régimen es cada vez más agresivo y necesita silenciar voces", sostiene el activista, subrayando que la visibilidad global de figuras como su esposa representa una de las mayores amenazas para la estructura del poder actual. El estallido social en el país, impulsado en gran medida por movimientos ciudadanos bajo la consigna de libertad, ha puesto al Estado en una posición defensiva que se traduce en arrestos arbitrarios y juicios sin garantías procesales.
A nivel internacional, la detención de la Nobel de la Paz ha generado una ola de condenas por parte de organismos multilaterales. Sin embargo, Rahmani advierte que la presión exterior debe ser constante para evitar que el silencio se imponga definitivamente. La crisis en Irán sigue siendo un foco de atención mundial, donde la lucha por la libertad de expresión se libra día a día tanto en las calles como en las celdas de las prisiones de máxima seguridad, donde las voces críticas se niegan a ser apagadas.



