GINEBRA.- En un escenario de alta volatilidad geopolítica y bajo la mirada vigilante de la comunidad internacional, este jueves dio inicio en Ginebra la tercera ronda de conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán. El proceso, que cuenta con la mediación estratégica del Sultanato de Omán, se desarrolla en un momento crítico donde la diplomacia intenta abrirse paso frente a una creciente presión militar ejercida por Washington en la región.

El eje central de estas negociaciones gira en torno a dos temas fundamentales de seguridad global: el programa nuclear iraní y el desarrollo de misiles balísticos por parte de Teherán. A pesar de que la Casa Blanca ha reiterado su intención de priorizar una salida diplomática para evitar una escalada de violencia mayor, la postura estadounidense se mantiene firme. El Secretario de Estado, Marco Rubio, no ocultó las dificultades del proceso al calificar como un "gran, gran problema" la persistente negativa de las autoridades iraníes a incluir su arsenal de misiles en la mesa de discusión.

Para el gobierno estadounidense, la capacidad balística de Irán representa una amenaza no solo para sus aliados en el Medio Oriente, sino también para la estabilidad de las rutas comerciales y la seguridad internacional. Por su parte, Teherán sostiene que su programa de misiles es estrictamente defensivo y soberano, lo que ha generado un punto muerto que los mediadores omaníes intentan destrabar en esta nueva fase de diálogos en suelo suizo.

La relevancia de este conflicto trasciende las fronteras de Oriente Medio y tiene repercusiones directas en el panorama global, afectando incluso a países como México. La inestabilidad en esta zona suele impactar de forma inmediata los precios internacionales del petróleo y la volatilidad de los mercados financieros, factores que influyen directamente en las proyecciones económicas mexicanas. Asimismo, el endurecimiento de la política exterior estadounidense bajo la actual administración es un tema de seguimiento obligado para la diplomacia en América Latina.

Por ahora, los resultados de este encuentro en Ginebra son inciertos. Mientras los delegados intercambian propuestas a través de terceros, el despliegue militar de Estados Unidos en las cercanías del territorio iraní continúa funcionando como una herramienta de disuasión. El mundo permanece a la espera de saber si esta tercera ronda logrará finalmente sentar las bases de un acuerdo duradero o si el endurecimiento de las posturas llevará a un nuevo estancamiento en las relaciones entre ambas potencias.