La próxima gran competencia de videojuegos no ocurrirá en una consola convencional ni en una PC de última generación, sino dentro de una placa de Petri. El concepto de **dish neurons**, o neuronas cultivadas en laboratorio, ha dejado de ser una curiosidad científica para convertirse en una realidad tecnológica asombrosa, tras confirmarse que estas células vivas ahora pueden interactuar con el legendario videojuego de disparos, *DOOM*.

El proyecto, impulsado originalmente por la startup australiana Cortical Labs bajo el nombre de "DishBrain", ya había captado la atención global hace un par de años al demostrar que un conjunto de aproximadamente 800,000 neuronas biológicas podía aprender a jugar *Pong* en menos de cinco minutos. Sin embargo, el seguimiento de esta investigación muestra un salto cualitativo: pasar de la bidimensionalidad de una paleta golpeando una pelota a la complejidad de un entorno 3D donde se requiere navegación y respuesta a estímulos múltiples.

A diferencia de la inteligencia artificial tradicional que depende de procesadores de silicio, estas **dish neurons** utilizan impulsos eléctricos para procesar información y aprender de su entorno mediante un sistema de retroalimentación. Lo que es nuevo hoy es la validación de que el tejido biológico puede procesar variables espaciales mucho más densas de lo que se creía posible en un entorno sintético. Mientras que en experimentos previos la tarea era lineal, jugar *DOOM* implica una capacidad de procesamiento paralelo que acerca a estas placas de Petri a una forma rudimentaria de pensamiento estratégico.

En el contexto de la comunidad científica en México, este avance resuena con las investigaciones en neurobiología y sistemas complejos que se realizan en instituciones como la UNAM o el CINVESTAV. Aunque en nuestro país la computación biológica aún está en etapas teóricas, el éxito de las **dish neurons** abre la puerta a una nueva generación de hardware que consume una fracción de la energía que requieren los centros de datos actuales.

No obstante, aún queda mucho por confirmar. Los investigadores todavía deben demostrar si estas neuronas pueden desarrollar una memoria a largo plazo dentro del juego o si simplemente reaccionan a estímulos eléctricos inmediatos para evitar el caos (un principio conocido como 'energía libre'). Por ahora, el experimento sigue en desarrollo, y aunque no veremos a estas células ganar un torneo profesional pronto, la frontera entre lo orgánico y lo digital se ha vuelto más delgada que nunca.