En un firme posicionamiento diplomático, el embajador de Cuba en México aseguró que la nación caribeña cuenta con las condiciones sociales y la capacidad logística para resistir cualquier intento de agresión militar externa. Estas declaraciones surgen en un momento de renovada tensión en la región, donde la soberanía de la isla vuelve a posicionarse en el centro del debate internacional.
El diplomático fue enfático al describir el embargo económico impuesto por los Estados Unidos como un “crimen” de lesa humanidad. Según la representación cubana, el bloqueo no solo representa un obstáculo insalvable para el desarrollo económico de la isla, sino que constituye una violación sistemática a los derechos fundamentales de sus ciudadanos, afectando sectores críticos como la salud, la alimentación y la infraestructura energética básica.
Respecto al papel de México en este complejo panorama, el embajador consideró que, aunque se reconoce la voluntad histórica de la política exterior mexicana por fomentar el diálogo y la paz, actualmente se percibe como "muy difícil" que el país actúe como mediador directo en el conflicto con Washington. A pesar de la cercanía diplomática y la solidaridad que ha mostrado el gobierno mexicano, las condiciones impuestas por las administraciones estadounidenses han limitado severamente los canales de interlocución efectivos entre ambas naciones.
Para el lector mexicano, este escenario resulta de especial relevancia dada la tradicional defensa de la política de "no intervención" y "autodeterminación de los pueblos" que ha caracterizado a la Cancillería mexicana bajo la Doctrina Estrada. El escepticismo sobre una posible mediación sugiere un endurecimiento en las posturas internacionales que podría redefinir los equilibrios en el Caribe y las relaciones trilaterales entre Ciudad de México, La Habana y Washington en el corto plazo.
Finalmente, el representante diplomático reiteró que la preparación de la isla ante una eventualidad bélica no busca la confrontación directa, sino que forma parte de una doctrina de defensa nacional consolidada durante décadas. Cuba apuesta por su capacidad de resistencia interna como la principal herramienta de salvaguarda frente a las presiones externas, manteniendo el llamado internacional al cese de las sanciones económicas como la prioridad absoluta en su agenda global de cara a los próximos meses.


