KABUL – La tensión geopolítica en el sur de Asia ha escalado drásticamente tras el anuncio del gobierno talibán sobre el inicio de una serie de ataques de represalia coordinados contra diversas posiciones militares en la frontera con Pakistán. Esta respuesta armada se produce apenas días después de que las fuerzas paquistaníes llevaran a cabo bombardeos aéreos en territorio afgano, específicamente en la provincia oriental de Nangarhar, un acto que Kabul ha calificado como una violación flagrante a su soberanía nacional.
De acuerdo con información confirmada por la televisión estatal afgana, las denominadas "operaciones de represalia" comenzaron formalmente a las 20:00 hora local (15:30 GMT). Este despliegue marca un punto crítico en la relación entre ambos países, que comparten una porosa y disputada frontera que ha sido escenario de fricciones constantes desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021. La administración en Kabul argumenta que sus acciones son una respuesta defensiva necesaria ante las agresiones previas de Islamabad que dispararon la tensión bélica en la región.
Por su parte, el gobierno de Pakistán ha justificado sus recientes incursiones aéreas bajo la premisa de combatir "campos terroristas" que, según su inteligencia, operan desde el lado afgano. Islamabad sostiene que grupos insurgentes utilizan el suelo de Afganistán como santuario para planear y ejecutar ataques dentro de territorio paquistaní. No obstante, las autoridades talibanas niegan rotundamente estas acusaciones y denuncian que los ataques de Pakistán han afectado zonas civiles y objetivos estratégicos en el este de Afganistán.
Para el lector en México, esta escalada representa un foco de inestabilidad global que merece atención. Aunque geográficamente distante, el conflicto en esta zona del mundo suele tener repercusiones indirectas en la seguridad internacional, la migración y los mercados energéticos. El incremento de la violencia en el cinturón fronterizo entre Afganistán y Pakistán ocurre en un momento de fragilidad diplomática mundial, donde cualquier enfrentamiento de esta magnitud amenaza con desestabilizar aún más la región.
Hasta el momento, no se ha emitido un informe oficial sobre el número de bajas o la extensión total de los daños causados por esta nueva ofensiva talibán. Sin embargo, la movilización de tropas y el uso de artillería pesada sugieren que los enfrentamientos podrían prolongarse durante los próximos días si no se establece una vía de diálogo inmediata. La comunidad internacional observa con preocupación cómo este intercambio de fuego podría derivar en una guerra abierta en una de las zonas más volátiles del planeta.

