KABUL – La situación de seguridad en Asia Central ha dado un giro alarmante tras el estallido de enfrentamientos directos en la frontera entre Afganistán y Pakistán. Las autoridades de defensa afganas confirmaron el inicio de ataques contra puestos militares paquistaníes a lo largo de la Línea Durand, en lo que han descrito como una respuesta legítima a las violaciones de su soberanía nacional cometidas por la aviación de Islamabad.

El conflicto se intensificó luego de que Pakistán llevara a cabo bombardeos aéreos en las provincias afganas de Khost y Paktika. Según fuentes oficiales paquistaníes, estos operativos tenían como objetivo eliminar refugios de grupos insurgentes, específicamente el Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), a quienes acusan de organizar atentados en territorio paquistaní desde suelo afgano. Sin embargo, el gobierno talibán ha negado categóricamente estas acusaciones, calificando los bombardeos como agresiones injustificadas contra civiles.

El Ministerio de Defensa de Afganistán emitió un comunicado informando que sus fuerzas fronterizas utilizaron armamento pesado para atacar puntos de control militares de Pakistán en represalia. Este intercambio de fuego marca uno de los puntos más críticos en la relación diplomática entre ambos países desde que el movimiento talibán recuperó el poder en agosto de 2021. La disputa histórica sobre la delimitación de la frontera, trazada en la época colonial, sigue siendo el epicentro de la inestabilidad en la zona.

Para los observadores internacionales y la diplomacia mexicana, que históricamente aboga por la resolución pacífica de controversias y la no intervención, este evento subraya la fragilidad de la seguridad en una región clave para el equilibrio geopolítico. La Secretaría de Relaciones Exteriores de México suele mantener una postura de observación atenta ante conflictos que amenazan la estabilidad internacional, instando al diálogo a través de organismos multilaterales como la ONU.

El aumento de la actividad militar ha provocado el desplazamiento de comunidades locales en ambos lados de la frontera, elevando la preocupación por una crisis humanitaria. Mientras Islamabad insiste en que no permitirá que su seguridad sea comprometida por grupos terroristas con base en el extranjero, Kabul advierte que cualquier nueva incursión aérea tendrá consecuencias impredecibles para la estabilidad de toda la región.