KABUL/ISLAMABAD – La frontera entre Afganistán y Pakistán se ha convertido nuevamente en un escenario de fuego abierto. El Ministerio de Defensa del gobierno talibán confirmó este lunes que sus fuerzas de seguridad llevaron a cabo una serie de operativos militares de 'gran escala' dirigidos contra puestos fronterizos de Pakistán, resultando en múltiples bajas en el transcurso de los enfrentamientos.
La escalada de violencia se produce como una respuesta directa a los bombardeos aéreos que la aviación paquistaní realizó horas antes en las provincias afganas de Khost y Paktika. Según las autoridades de Islamabad, dichos ataques tenían como objetivo células del grupo insurgente Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP); sin embargo, Kabul denunció que las bombas impactaron zonas residenciales, cobrando la vida de civiles, incluyendo mujeres y niños.
El portavoz del gobierno afgano, Zabihullah Mujahid, emitió un comunicado en el que advirtió que este tipo de incursiones son violaciones inadmisibles a la soberanía territorial. 'Las fuerzas de defensa de Afganistán están preparadas para responder ante cualquier agresión que ponga en riesgo nuestra integridad', señaló el funcionario. En respuesta, la artillería afgana atacó diversos puntos estratégicos en la Línea Durand, la frontera de facto que ha sido objeto de disputa durante décadas.
Para el lector mexicano, esta situación resuena con los complejos desafíos de la seguridad fronteriza y la soberanía nacional que a menudo dominan la agenda política en el hemisferio occidental. Aunque los contextos ideológicos son distintos, la incapacidad de los Estados para coordinar esfuerzos contra grupos armados transnacionales genera vacíos de poder que terminan afectando trágicamente a las poblaciones civiles en las periferias territoriales.
La comunidad internacional observa con preocupación este incremento en las hostilidades. La ruptura del diálogo diplomático entre Kabul e Islamabad no solo pone en riesgo la estabilidad de Asia Central, sino que también amenaza con desatar una crisis humanitaria mayor en una zona ya devastada por la precariedad económica. Hasta el momento, los combates esporádicos continúan mientras ambos gobiernos refuerzan su presencia militar y despliegan armamento pesado en los límites territoriales.
