La industria tecnológica global se prepara para un escenario sin precedentes. De acuerdo con el informe más reciente de la International Data Corporation (IDC) —una de las firmas de consultoría y análisis de mercado más influyentes en el sector de la tecnología a nivel mundial—, las ventas de smartphones sufrirán su caída más estrepitosa en 2026. Las proyecciones indican que los envíos globales se desplomarán un 12.9% este año, marcando el volumen de distribución anual más bajo registrado en más de una década.

Este fenómeno no responde a una falta de innovación o desinterés de los consumidores, sino a una crisis de suministros provocada por el vertiginoso ascenso de la inteligencia artificial (IA). Los gigantes tecnológicos que desarrollan modelos de IA generativa han generado una demanda voraz de memoria RAM, un componente esencial tanto para los servidores que procesan estos datos como para los nuevos teléfonos que prometen ejecutar IA de forma nativa. Esta competencia por los recursos ha dejado a los fabricantes de smartphones en una posición crítica, enfrentando una escasez que limita su capacidad de producción.

Para el consumidor final, el impacto no solo se verá en la disponibilidad de dispositivos, sino directamente en su bolsillo. El reporte de IDC señala que el precio promedio de venta de los smartphones alcanzará un máximo histórico, con un incremento proyectado del 14%, situándose en torno a los 523 dólares (aproximadamente 10,600 pesos mexicanos, sin considerar impuestos adicionales o variaciones regionales).

Especialistas de la firma señalan que, si bien se espera que los precios de las memorias RAM comiencen a estabilizarse hacia mediados de 2027, es sumamente improbable que los costos de los dispositivos regresen a los niveles vistos en años anteriores. Esto representa un cambio estructural en la economía de los gadgets, donde la integración de funciones inteligentes avanzadas está elevando el costo base de la tecnología móvil.

En un mercado como el mexicano, donde la penetración de smartphones es alta y los usuarios buscan cada vez más dispositivos capaces de soportar aplicaciones pesadas y nuevas herramientas de IA, este encarecimiento podría frenar la renovación de equipos o empujar a los consumidores hacia modelos de gamas más bajas, alterando las dinámicas de consumo que han prevalecido en los últimos años.