La industria del entretenimiento en Hollywood, históricamente dominada por figuras imponentes y líderes casi omnipotentes, enfrenta hoy un panorama de incertidumbre que amenaza con desaparecer a sus directores ejecutivos (CEOs). Peter Bart, analista veterano de la industria, advierte que factores externos como la inteligencia artificial (IA), los posibles aranceles comerciales y el clima político disruptivo están transformando el sector en un terreno hostil para los altos mandos.

Para entender la magnitud del cambio, es necesario mirar hacia atrás, a la era de Lew Wasserman. Wasserman no solo fue el director de Universal Studios hasta el año 2000, sino que era considerado el verdadero 'jefe de jefes' en Hollywood. En el contexto de la industria global, su poder era comparable al de los grandes patriarcas de los medios de comunicación en México durante la consolidación de las televisoras nacionales. Sin embargo, Bart señala que esa hegemonía absoluta se ha evaporado en la actualidad.

El análisis destaca que la llegada de tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial ha generado un temor fundado, no solo sobre el desplazamiento de empleos creativos, sino sobre la relevancia de la toma de decisiones humana en los niveles más altos de las corporaciones. A esto se suma el regreso de una retórica política proteccionista asociada a Donald Trump, cuyas propuestas de aranceles podrían encarecer significativamente la distribución global de contenidos y afectar las producciones internacionales, que son el pilar económico de los estudios modernos.

Incluso figuras contemporáneas que parecían intocables, como Casey Wasserman —nieto de Lew y una de las personas más influyentes en el deporte y el entretenimiento global, además de ser una pieza clave en la organización de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles—, han visto mermado su control en los últimos meses. La pérdida de esta 'hegemonía' sugiere que el modelo de negocio tradicional está colapsando bajo el peso de la nueva economía digital.

El resultado es una industria donde los CEOs ya no son los arquitectos del futuro, sino gestores de crisis tratando de navegar en un mar de volatilidad financiera y tecnológica. La era de los magnates parece estar llegando a su fin, dejando a los líderes actuales en una lista de especies en peligro de extinción frente a un mercado que prioriza la eficiencia algorítmica y la estabilidad política sobre la visión creativa tradicional.