La creciente militarización y el despliegue masivo de tecnología de vigilancia en la frontera sur de Estados Unidos han derivado en un nuevo episodio de caos operativo. Recientemente, el espacio aéreo en sectores estratégicos del estado de Texas fue cerrado de manera temporal tras reportarse incidentes de lo que se ha denominado como 'fuego amigo' tecnológico, una situación que ha dejado a los oficiales de seguridad en un estado de total desconcierto.

Bajo la administración del gobernador Greg Abbott y la implementación de la Operación Estrella Solitaria (Operation Lone Star), la entidad ha visto un incremento sin precedentes en el uso de drones y aeronaves de vigilancia. Sin embargo, esta proliferación de recursos no ha venido acompañada de una comunicación efectiva con las agencias federales, específicamente con la Patrulla Fronteriza (CBP). Según reportes de fuentes cercanas a los operativos, la interferencia entre equipos de distintas jurisdicciones ha provocado que las autoridades tengan que interrumpir las operaciones aéreas para evitar colisiones o malentendidos tácticos en pleno vuelo.

'Nuestras cabezas están explotando', fue la expresión utilizada por fuentes internas para describir el nivel de frustración ante la falta de protocolos unificados. La frase refleja el agotamiento de los efectivos que intentan navegar un entorno donde los drones estatales y federales a menudo operan en los mismos cuadrantes sin previo aviso. Esta duplicidad de funciones no solo genera alertas falsas de incursiones no autorizadas, sino que pone en riesgo la integridad de las aeronaves tripuladas y no tripuladas que patrullan el área.

Para México, este escenario resulta de especial relevancia. La inestabilidad en la gestión del espacio aéreo fronterizo tiene repercusiones directas en la percepción de seguridad binacional y en la fluidez de las actividades en la franja divisoria. La falta de coordinación entre Austin y Washington no solo complica las tareas de vigilancia migratoria, sino que también crea un clima de incertidumbre para las comunidades mexicanas colindantes, como Piedras Negras y Nuevo Laredo, que observan el despliegue tecnológico a escasos metros de su territorio.

Hasta el momento, no se han reportado daños materiales mayores, pero el cierre del espacio aéreo subraya las grietas estructurales en la estrategia de seguridad de Texas. Mientras la disputa política entre el gobierno estatal y la administración federal de Joe Biden continúe escalando, el riesgo de incidentes por 'fuego amigo' se mantiene como una amenaza latente para la operatividad aérea en la frontera norte de nuestro país.