La administración de Estados Unidos ha elevado el tono de sus advertencias respecto a la situación en el Golfo Pérsico. Según declaraciones recientes de un alto funcionario de Washington, los ataques contra Irán que se tienen previstos no serán acciones simbólicas o de corta duración, sino que se plantean como una campaña militar extensa diseñada para mermar capacidades estratégicas específicas.

¿Qué está pasando?

La fuente, que solicitó el anonimato debido a la sensibilidad del tema, detalló que la planificación de estas operaciones responde a una serie de escaladas en la región de Medio Oriente. A diferencia de intervenciones previas que buscaban enviar un mensaje diplomático a través del poder de fuego, esta vez se habla de una ofensiva multifacética. El objetivo principal sería neutralizar infraestructuras que Washington considera una amenaza directa para sus aliados y sus activos militares en la zona.

¿Por qué importa?

Para México y el resto del mundo, esta escalada tiene repercusiones inmediatas. En primer lugar, la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz suele disparar los precios internacionales del crudo. Para la economía mexicana, esto representa una moneda de dos caras: por un lado, un incremento en los ingresos por exportaciones de la mezcla mexicana de petróleo, pero por otro, una presión inflacionaria en el precio de las gasolinas y productos importados.