En una reciente y reveladora columna para el medio estadounidense The Hollywood Reporter, Jumaane Williams, actual Defensor del Pueblo de la ciudad de Nueva York (New York City Public Advocate), ha abierto un diálogo necesario sobre la intersección entre la discapacidad y el racismo en los espacios de alto perfil. Williams, quien ocupa uno de los cargos de elección popular más importantes de la metrópoli, compartió su experiencia personal viviendo con el síndrome de Tourette, un trastorno neurológico que se manifiesta a través de movimientos y sonidos involuntarios conocidos como tics.
Para el lector en México, la figura del "Public Advocate" puede entenderse como una especie de procurador ciudadano o defensor del pueblo, encargado de vigilar que las agencias gubernamentales cumplan con sus deberes hacia la población. En este rol, Williams se encuentra bajo un escrutinio constante, lo que hace que su discapacidad sea plenamente visible para millones de personas. Sin embargo, el funcionario señala que esta exposición conlleva agresiones que van más allá de la simple incomprensión médica, tocando fibras sensibles de la discriminación estructural.
Williams relata con crudeza cómo, en repetidas ocasiones, ha sido blanco de insultos racistas mientras desempeña sus funciones públicas. El uso de términos despectivos y cargados de odio racial se mezcla con la estigmatización de su condición neurológica, creando un entorno de hostilidad que muchos ciudadanos con discapacidades enfrentan en silencio. Esta realidad lo llevó a reflexionar sobre los recientes debates en torno a la accesibilidad e inclusión durante la gala de los premios de la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión (BAFTA).
La crítica de Williams hacia la industria del entretenimiento radica en la percepción pública y el manejo de las personas con condiciones neurológicas en eventos de gala. Para el funcionario, la reacción de la audiencia y la organización ante lo "diferente" demuestran que aún queda un largo camino por recorrer en materia de verdadera inclusión. Williams sostiene que no basta con hablar de diversidad si no se comprende la realidad de quienes habitan cuerpos y mentes que no se ajustan a la norma establecida.
A través de su testimonio, Williams busca que las instituciones, desde el gobierno de Nueva York hasta las grandes academias de arte en Londres y Hollywood, replanteen su enfoque hacia la accesibilidad funcional. Su mensaje es claro: la visibilidad es un arma de doble filo que, sin el respaldo de una educación social profunda y cambios sistémicos, expone a los individuos a la violencia verbal y al aislamiento, incluso cuando ocupan posiciones de liderazgo en el servicio público.

