En un giro que ha captado la atención de la diplomacia regional, el candidato republicano y expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, rompió su silencio respecto a la situación política en Cuba. Durante sus más recientes declaraciones, el político estadounidense sugirió una aproximación inusual hacia la nación caribeña, afirmando textualmente: “Quizá podamos tomar Cuba de manera amistosa”. Estas palabras marcan su primera reacción pública tras el trágico incidente ocurrido recientemente, donde un guardacostas cubano mató a cuatro tripulantes de una lancha procedente de Florida.

La declaración ha generado una ola de interpretaciones en el espectro político internacional. Por un lado, se percibe como un matiz distinto a la retórica de “máxima presión” que caracterizó su administración anterior; por otro, se lee como una propuesta ambigua que no detalla los mecanismos diplomáticos, económicos o políticos para llevar a cabo dicha “toma amistosa”. El contexto de estas palabras es sumamente delicado, ya que ocurre en un momento de renovada fricción por la seguridad marítima y los protocolos de vigilancia en el Estrecho de la Florida.

El incidente que precede a estas declaraciones involucra el uso de fuerza letal por parte de las autoridades cubanas contra civiles, un hecho que ha vuelto a poner bajo la lupa el respeto a los derechos humanos y los protocolos de seguridad en aguas internacionales. Trump, quien durante su mandato revirtió gran parte del deshielo diplomático iniciado por la era de Barack Obama, parece estar ajustando su discurso hacia el Caribe en el marco de su estrategia de campaña electoral para captar el voto latino y conservador.

Para México, la evolución de este discurso es de vital importancia estratégica. Como vecino geográfico y socio comercial clave de Estados Unidos, además de ser un interlocutor histórico y mediador con el gobierno de La Habana, cualquier modificación sustancial en la política exterior de Washington hacia la isla tiene repercusiones directas en territorio mexicano. La estabilidad en la cuenca del Caribe es fundamental para la gestión de los flujos migratorios y la seguridad regional, temas que encabezan la agenda bilateral entre la Ciudad de México y Washington en la actualidad.

Analistas internacionales señalan que este tipo de comentarios buscan resonar específicamente en el electorado del sur de Florida, un bloque crucial donde la postura hacia el régimen cubano define gran parte de la intención de voto. Sin embargo, la falta de detalles técnicos sobre lo que implicaría una “toma amistosa” deja abiertas múltiples interrogantes sobre el futuro de las relaciones entre la Casa Blanca y el gobierno de Miguel Díaz-Canel, especialmente tras los recientes eventos de violencia que han cobrado vidas humanas.