Washington D.C. - En una declaración que ha encendido las alertas diplomáticas en la región, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, puso sobre la mesa la posibilidad de que su administración opte por una "toma de control amistosa" de Cuba. Las afirmaciones del mandatario ocurren en un momento crítico para la isla caribeña, la cual atraviesa una de sus peores crisis energéticas en décadas, agravada por las sanciones económicas y el bloqueo de suministros impuestos por la Casa Blanca.

Durante un encuentro con la prensa en la oficina presidencial, Trump fue cuestionado sobre el estado actual de las relaciones con el gobierno cubano. El mandatario fue enfático al describir la precariedad económica del país antillano: "Ellos no tienen nada ahora", señaló de forma contundente. Sin embargo, sugirió que existe un canal de comunicación abierto entre ambas naciones: "Están hablando con nosotros y tal vez podamos hacer una toma amistosa de Cuba", añadió, sin profundizar en los detalles logísticos o diplomáticos que implicaría tal movimiento.

Esta retórica de "toma amistosa" —un concepto comúnmente utilizado en el ámbito de las finanzas para referirse a la adquisición consensuada de una empresa— ha generado profunda incertidumbre sobre el rumbo de la política exterior de Washington. Mientras tanto, el bloqueo energético continúa golpeando severamente la infraestructura de la isla, provocando apagones masivos que han paralizado la actividad económica y social en territorio cubano.

Para México, la evolución de este conflicto resulta de especial relevancia debido a la histórica cercanía diplomática y comercial con la nación caribeña. El gobierno mexicano ha mantenido tradicionalmente una postura en contra del bloqueo económico, posicionándose como un actor clave para el equilibrio regional en América Latina. Un cambio drástico en la soberanía o el control de Cuba bajo la influencia estadounidense obligaría a la cancillería mexicana a reevaluar su estrategia geopolítica en el Caribe.

Por su parte, la representación diplomática de La Habana ha respondido con firmeza ante las insinuaciones de Washington. Recientemente, el embajador de Cuba subrayó que la isla posee las condiciones y la capacidad estratégica para resistir cualquier tipo de agresión militar, advirtiendo que la soberanía de su nación no es negociable. El contraste entre la propuesta de Trump y la determinación de defensa de Cuba augura un periodo de tensiones prolongadas en el estrecho de la Florida.