En un escenario de creciente incertidumbre internacional, el expresidente Donald trump responde a los cuestionamientos sobre el riesgo de un incremento drástico en los precios de los combustibles ante una posible escalada bélica en el Medio Oriente. La preocupación surge tras los recientes intercambios de amenazas entre Israel e Irán, que han puesto a los mercados globales en estado de alerta por la vulnerabilidad de la infraestructura petrolera en la región.
Lo que hoy es noticia no es solo la posibilidad de un ataque, sino la postura del candidato republicano frente a la estabilidad económica global. Trump responde de manera pragmática, sugiriendo que Estados Unidos posee la capacidad de amortiguar cualquier golpe en los suministros si se prioriza la extracción doméstica. A diferencia de la administración actual, que ha mostrado cautela para evitar un 'shock' en los precios antes de los comicios, el exmandatario enfatiza que la política de 'perforar, perforar y perforar' sería la salvaguarda definitiva contra la volatilidad externa.
Sin embargo, lo que aún falta por confirmar es la magnitud de cualquier represalia militar y si el gobierno de Benjamín Netanyahu decidirá ignorar las advertencias de Washington sobre no atacar objetivos energéticos clave. Hasta el momento, el precio del barril ha experimentado fluctuaciones, pero no el repunte catastrófico que algunos analistas temen, en parte debido a la expectativa de una respuesta controlada.
Para México, esta situación tiene un matiz dual. Como país exportador de crudo, un aumento en los precios internacionales podría significar mayores ingresos para Petróleos Mexicanos (Pemex). No obstante, el impacto negativo sería inmediato en el bolsillo de los consumidores mexicanos, ya que el país importa la mayor parte de las gasolinas que consume. El gobierno federal se vería obligado a aumentar los subsidios al IEPS para evitar que el 'gasolinazo' afecte la inflación, una estrategia que presiona las finanzas públicas.
Este nuevo capítulo en la política exterior estadounidense subraya la estrecha relación entre la seguridad en el Golfo Pérsico y la economía doméstica de las naciones americanas. Mientras la comunidad internacional espera una resolución, la retórica electoral en Estados Unidos sigue utilizando el precio de la energía como un termómetro de liderazgo y estabilidad.

