El expresidente de Estados Unidos y actual aspirante a la Casa Blanca, Donald Trump, ha intensificado su retórica contra las empresas tecnológicas, centrando esta vez sus ataques en Anthropic, una de las firmas líderes en el desarrollo de inteligencia artificial. El político exigió 'cesar inmediatamente todo uso' de las plataformas de la compañía, a cuyos responsables tachó de 'locos de izquierda' en un mensaje que ha resonado con fuerza en los círculos políticos y tecnológicos internacionales.

Anthropic, fundada por exejecutivos de OpenAI y creadora del modelo de lenguaje Claude, se ha distinguido en el mercado por su enfoque en la 'IA constitucional', una metodología que busca implementar límites éticos y de seguridad en las respuestas del sistema. Sin embargo, para Trump, estos mecanismos de control no son más que herramientas de censura diseñadas para promover una agenda progresista y silenciar las voces conservadoras en el entorno digital, especialmente en el marco de la actual contienda electoral.

Este nuevo enfrentamiento se suma a una larga lista de quejas del líder republicano contra Silicon Valley. Trump ha sostenido de manera recurrente que los algoritmos de búsqueda y las redes sociales operan con un sesgo inherente que perjudica su imagen y la de su movimiento. En el caso específico de Anthropic, la crítica se enfoca en cómo la inteligencia artificial generativa interpreta y entrega información sobre temas sensibles, lo que el expresidente considera una interferencia directa en la formación de la opinión pública.

Para el contexto mexicano, esta disputa resulta de particular relevancia. México se ha consolidado como un centro de adopción tecnológica clave en América Latina, donde muchas de las aplicaciones utilizadas por empresas y usuarios finales dependen directamente de los modelos desarrollados en Estados Unidos. La politización de la inteligencia artificial plantea interrogantes sobre la neutralidad de las herramientas que el mercado mexicano consume y la posible fragmentación de los estándares tecnológicos globales debido a conflictos ideológicos en el país vecino.

Analistas del sector advierten que estos señalamientos podrían derivar en nuevas presiones regulatorias o cambios en las políticas de exportación de tecnología en caso de un cambio de administración en Washington. Mientras tanto, la industria tecnológica observa con cautela cómo el debate sobre la ética y el sesgo en la IA se traslada del terreno técnico al campo de batalla electoral, marcando un precedente sobre la futura supervisión gubernamental de los algoritmos que hoy transforman la economía global.