El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reavivó la polémica sobre la soberanía geográfica y diplomática al declarar que, aunque el gobierno de México no estaba encantado con la decisión de renombrar el Golfo de México como el "Golfo de América", finalmente los funcionarios mexicanos aceptaron la medida. Durante un mitin en el puerto de Corpus Christi, Texas, el mandatario justificó la orden ejecutiva que firmó recientemente, argumentando que su país posee la gran mayoría del litoral de este cuerpo de agua compartido.

"Ahora es el Golfo de América porque tenemos el 92%. Y no diría que México estaba encantado, pero les pareció bien", afirmó Trump ante una multitud que celebró sus palabras. El mandatario recordó que la idea surgió como un "pequeño comentario al pasar" y que, tras analizarlo, decidió formalizar el cambio mediante una orden ejecutiva que modifica los nombres geográficos en los mapas y agencias federales de Estados Unidos desde el pasado 9 de febrero.

Lo que resulta novedoso en esta jornada es la afirmación de Trump sobre un supuesto consenso o resignación por parte de la administración mexicana. Hasta ahora, la postura oficial de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha sido enfática en señalar que dicho cambio de nomenclatura es una decisión unilateral que solo tiene validez legal dentro del territorio estadounidense, sin afectar la denominación oficial en mapas internacionales o en la soberanía mexicana.

Sin embargo, queda por confirmar si existe algún acuerdo diplomático tras bambalinas o si las declaraciones del republicano son parte de su retórica política habitual. El anuncio se da en un contexto de alta tensión, donde Trump también aprovechó para reiterar su intención de endurecer los requisitos electorales para impedir que personas sin ciudadanía voten en los comicios de su país.

En México, la Secretaría de Relaciones Exteriores no ha emitido un nuevo comunicado tras estas declaraciones específicas en Texas. La comunidad internacional observa con cautela este movimiento, ya que el cambio de nombres en accidentes geográficos compartidos suele requerir acuerdos bilaterales o el aval de organismos hidrográficos internacionales para ser reconocido globalmente.