El panorama del narcotráfico en México enfrenta un punto de inflexión con la reciente solicitud de la familia de Nemesio Oseguera Cervantes, alias 'El Mencho', para recuperar sus restos mortales. Esta petición formal ante la Fiscalía General de la República (FGR) ha puesto fin a meses de especulaciones sobre el paradero y estado de salud del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales más poderosas y violentas del mundo.

La entrega del cadáver de un capo de esta magnitud no es un trámite administrativo ordinario. La FGR ha tenido que activar protocolos de seguridad de alto nivel para gestionar lo que representa el último vestigio de la era de los grandes barones de la droga en el país. El recelo de las autoridades no es menor: la despedida de una figura como Oseguera Cervantes conlleva el riesgo de convertirse en un acto de apología del delito o, peor aún, en un detonante de violencia por la sucesión del control territorial en diversas regiones de México.

Desde hace años, la salud de 'El Mencho' había sido objeto de múltiples reportes de inteligencia que apuntaban a una insuficiencia renal crónica que lo mantenía en un estado de vulnerabilidad, obligándolo a permanecer oculto en zonas serranas entre Jalisco, Colima y Michoacán. La confirmación implícita de su deceso a través del reclamo de su cuerpo marca el cierre de un ciclo para la generación de narcotraficantes que definieron la estrategia de seguridad mexicana en las últimas décadas.

Para el Estado mexicano, el manejo de esta situación es crítico. La entrega de los restos debe realizarse bajo un estricto control para evitar que el sepelio se transforme en una demostración de fuerza del CJNG. Al mismo tiempo, las agencias de seguridad nacional se mantienen en alerta máxima ante posibles fracturas internas dentro de la organización criminal, que podrían derivar en enfrentamientos entre facciones que aspiran a heredar el liderazgo absoluto del grupo jalisciense.

Este suceso deja abiertas numerosas incógnitas sobre el futuro de la seguridad en el occidente del país. Mientras la familia aguarda la resolución de los peritajes forenses y los protocolos de identificación oficial, México observa con cautela cómo se desvanece la figura del último gran capo, en un contexto donde el crimen organizado parece mutar hacia estructuras más atomizadas pero igualmente letales.