La ciudad de Juiz de Fora, ubicada en el estado de Minas Gerais, Brasil, enfrenta una de sus peores crisis climáticas en años recientes. Las lluvias torrenciales que han azotado la región en los últimos días han dejado un rastro de destrucción y luto, con un saldo preliminar de al menos treinta personas fallecidas y un número aún indeterminado de desaparecidos que mantiene en vilo a la población local y a la comunidad internacional.
Las brigadas de rescate, compuestas por elementos del Cuerpo de Bomberos, la Defensa Civil y cientos de voluntarios civiles, trabajan incansablemente entre el lodo y los restos de las viviendas colapsadas. Las condiciones del terreno son extremadamente complejas; la saturación del suelo ha provocado múltiples deslizamientos de tierra que han bloqueado las principales vías de acceso, dificultando el traslado de maquinaria pesada necesaria para las labores de remoción de escombros y la búsqueda técnica de sobrevivientes.
El ambiente en las zonas afectadas de Juiz de Fora es de una tensa y dolorosa espera. Familias enteras se han apostado cerca de los perímetros de desastre, observando cada movimiento de los rescatistas con la esperanza de hallar señales de vida. Los testimonios de los habitantes reflejan una comunidad herida pero resiliente, que ha organizado de manera espontánea centros de acopio y refugios temporales para asistir a quienes lo han perdido todo bajo la fuerza de la naturaleza.
Para el lector mexicano, esta situación evoca tristemente las tragedias vividas en estados como Veracruz, Guerrero o Chiapas, donde la combinación de orografía accidentada y fenómenos hidrometeorológicos extremos ha causado estragos similares. Al igual que en México, la vulnerabilidad de los asentamientos urbanos en zonas de riesgo y la intensificación de las precipitaciones por factores climáticos globales se han convertido en un reto crítico para las autoridades de protección civil.
El gobierno local ha emitido nuevas alertas ante el pronóstico de más precipitaciones para las próximas horas, instando a la población que habita en laderas o zonas bajas a evacuar de inmediato hacia los refugios habilitados. Mientras tanto, la búsqueda no se detiene; cada minuto es vital en esta carrera contra el tiempo y las inclemencias del clima que hoy mantienen a Brasil en una situación de emergencia nacional.



