En el complejo entramado financiero del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), organización liderada por Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", las máquinas tragamonedas han dejado de ser un simple entretenimiento de barrio para convertirse en una herramienta estratégica de recaudación. Estos dispositivos, comunes en tienditas de la esquina, farmacias y mercados de diversos estados del país, representan una fuente de ingresos constante y, sobre todo, sumamente difícil de rastrear para las autoridades hacendarias y de seguridad.

De acuerdo con reportes de inteligencia y diversos análisis sobre el crimen organizado en México, la proliferación de estas "maquinitas" no es casualidad ni responde únicamente a la demanda local. Para las agrupaciones delictivas, el atractivo principal radica en la naturaleza misma del negocio: transacciones pequeñas, constantes y realizadas exclusivamente en efectivo. Este flujo de "dinero hormiga" permite al cártel financiar operaciones locales, pagar nóminas de sicarios o informantes, y mantener el control territorial sin dejar una huella digital o bancaria que pueda ser interceptada por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF).

El esquema operativo suele involucrar la coacción y el dominio de plaza. En muchas regiones de México, los dueños de pequeños comercios son obligados por células del CJNG a instalar estas máquinas en sus establecimientos. El acuerdo, a menudo forzado bajo amenazas, implica una división de las ganancias donde la mayor parte del ingreso va directamente a las arcas de la organización criminal. Aquellos comerciantes que se niegan a participar suelen enfrentarse a represalias que van desde el cobro de "derecho de piso" hasta actos de violencia directa, lo que convierte a este negocio en una extensión de su sistema de extorsión.

A nivel federal, la regulación de estos dispositivos de juego y azar compete a la Secretaría de Gobernación (SEGOB). Sin embargo, la gran mayoría de estas máquinas operan en la total ilegalidad, fuera de cualquier padrón oficial y sin pagar impuestos. Esta falta de supervisión, sumada a la complicidad o incapacidad de algunas autoridades locales para llevar a cabo decomisos efectivos, ha facilitado que el cártel consolide este nicho como una de sus "cajas chicas" más eficientes y discretas.

Este fenómeno subraya la alarmante diversificación de las actividades delictivas de los grupos criminales en México. Al explotar economías locales a través de juegos de azar ilegales, el CJNG demuestra una capacidad de infiltración en la vida cotidiana de los ciudadanos, transformando un pasatiempo popular en un motor económico que fortalece su estructura criminal en el territorio nacional.