En una era dominada por pantallas táctiles y notificaciones incesantes, ha surgido una propuesta que apuesta por la simplicidad extrema. El Tin Can no es solo otro dispositivo móvil en un mercado saturado de tecnología; es un “teléfono tonto” (dumb phone) diseñado específicamente para niños, con una estética que evoca los teléfonos fijos de décadas pasadas. Con su característico cable en espiral y funciones limitadas, este aparato busca dar a los menores un curso intensivo de etiqueta telefónica, centrándose en una actividad que parece estar quedando en el olvido: hablar.

Desarrollado bajo la premisa de que los smartphones modernos pueden ser abrumadores y potencialmente adictivos para los cerebros en desarrollo, el Tin Can elimina las redes sociales, los navegadores de internet y los juegos complejos. En su lugar, ofrece una experiencia que recuerda a la telefonía tradicional. Según reporta el medio especializado Wired, el dispositivo está funcionando como una herramienta pedagógica para que los niños aprendan las bases de la comunicación verbal sincrónica.

Para muchos niños de la actualidad, acostumbrados a la asincronía de los mensajes de texto o la brevedad de los audios de WhatsApp, el acto de sostener una conversación telefónica en tiempo real representa un desafío. El diseño del Tin Can, que imita las características de una línea terrestre, obliga a los usuarios a practicar habilidades sociales básicas, como saludar al responder, mantener el hilo de una conversación y despedirse adecuadamente antes de colgar.

En el contexto mexicano, donde la edad de acceso al primer dispositivo móvil es cada vez más baja, esta tendencia de los “teléfonos tontos” comienza a resonar entre padres de familia preocupados por la salud mental y la seguridad digital de sus hijos. Al no contar con acceso a plataformas de video o redes sociales, el dispositivo reduce drásticamente los riesgos de ciberacoso o exposición a contenido inapropiado, manteniendo la función esencial de comunicación por voz para emergencias o contacto familiar.

El Tin Can se suma a un movimiento creciente que busca redefinir la relación de las infancias con la tecnología. Al priorizar la voz sobre el texto y la conexión humana sobre el algoritmo, este dispositivo pretende demostrar que, a veces, para avanzar en el desarrollo social de las nuevas generaciones, es necesario dar un paso atrás hacia lo básico: simplemente hablar.