Stellantis, el conglomerado automotriz global que agrupa a marcas icónicas como Jeep, Chrysler, Dodge y Ram, atraviesa un momento crítico tras reportar una pérdida neta de 26,300 millones de dólares durante el último ejercicio fiscal. Este descalabro financiero ha obligado a la directiva a tomar una decisión radical: frenar su agresiva transición hacia la electrificación total y reenfocar sus esfuerzos en los motores de combustión interna, revirtiendo una tendencia que parecía irreversible en la industria.

Para el mercado mexicano, esta noticia resulta de vital importancia, ya que Stellantis opera plantas de manufactura estratégicas en Saltillo y Toluca. En estas instalaciones se producen modelos clave que se exportan principalmente a Estados Unidos, por lo que el cambio de rumbo en la estrategia de motores impactará directamente en las líneas de producción nacionales y en la cadena de suministro de autopartes en México.

El giro estratégico responde a un enfriamiento evidente en la demanda de vehículos eléctricos (EV) en los Estados Unidos. Según informes de la industria, el consumidor norteamericano ha mostrado una resistencia mayor a la esperada debido a los altos costos de los autos eléctricos y a una infraestructura de carga que todavía resulta insuficiente. Ante este panorama, Stellantis ha decidido apostar nuevamente por la tecnología de combustión para estabilizar sus finanzas y recuperar la rentabilidad perdida en el último año.

Expertos del sector señalan que este movimiento no implica un abandono total de la tecnología sustentable, sino un ajuste de realidad frente a un mercado que no está listo para dejar atrás la gasolina. La empresa ha reconocido que el mercado estadounidense se está alejando de los vehículos puramente eléctricos con mayor rapidez de lo que sus proyecciones indicaban, lo que generó un exceso de inventario y pérdidas multimillonarias.

Este revés financiero para Stellantis pone de manifiesto los desafíos que enfrentan los fabricantes tradicionales al competir en un entorno de movilidad cambiante. Mientras la compañía intenta equilibrar sus cuentas, el regreso a los motores térmicos asegura, al menos a corto plazo, la continuidad de la producción de camionetas y vehículos todoterreno que siguen siendo el motor económico del grupo en la región de Norteamérica.