La escena musical contemporánea atraviesa un momento de efervescencia donde las fronteras parecen desvanecerse ante el empuje del talento latinoamericano. En este contexto surge Somos Naí, un dúo cubano que ha logrado capturar la atención de la crítica y el público internacional mediante una propuesta que equilibra la nostalgia de los ritmos tradicionales con la vanguardia de la producción moderna.
Integrado por la cantante Anahí Díaz Itte y el pianista José Ramón 'Pity' Cabrera, Somos Naí se define por una versatilidad que fusiona géneros tan diversos como el pop, la electrónica, el candombe, el bolero y la cumbia. Esta mezcla resulta especialmente relevante para el público mexicano, donde el bolero y la cumbia no son solo géneros musicales, sino pilares fundamentales de la identidad cultural y la memoria colectiva del país.
El éxito del dúo no es solo una cuestión de percepción artística, sino que está respaldado por cifras sólidas en el entorno digital. Su sencillo 'La Mano' ha superado ya la barrera de las 1,200,000 reproducciones en diversas plataformas, consolidándose como una de las piezas angulares de su repertorio actual. Con apenas cinco canciones disponibles en el mercado, la agrupación ha demostrado una capacidad innata para conectar con audiencias globales que buscan sonidos frescos pero con raíces profundas.
En una reciente entrevista concedida a 'Escala en París', los integrantes compartieron detalles sobre el proceso creativo de su primer material discográfico de larga duración. Durante la conversación, Anahí Díaz destacó la importancia del momento actual para los artistas de la región, afirmando que es emocionante ver cómo el mundo abre espacios para propuestas que respetan y exploran la identidad latina sin temor a la experimentación electrónica.
El futuro próximo de la banda incluye una de sus presentaciones más ambiciosas hasta la fecha: un concierto programado para el mes de marzo en la emblemática sala Misstinguett, en el corazón de París. Este evento marca un hito en su internacionalización y refuerza la idea de que la música latina se encuentra en un proceso de expansión imparable, llevando ritmos como el candombe y el bolero a escenarios europeos tradicionalmente reservados para otros géneros.



