El arranque del año en el estado de Sinaloa presenta un panorama de contrastes en materia de seguridad pública. De acuerdo con las cifras más recientes publicadas por el diario Reforma, la entidad federativa experimentó una drástica disminución del 50% en el índice de homicidios durante el mes de enero. Esta reducción representaría, en primera instancia, un avance significativo en los esfuerzos por pacificar una de las regiones del país que históricamente ha enfrentado mayores retos en cuanto a violencia de alto impacto.
Sin embargo, los datos oficiales del Secretariado Ejecutivo y las autoridades locales revelan un fenómeno preocupante que matiza los resultados positivos en la tasa de mortalidad: mientras las muertes violentas retroceden, las lesiones dolosas cometidas mediante el uso de proyectiles de arma de fuego registraron un incremento del 36.1% en comparación con el periodo anterior. Este repunte en la violencia no letal sugiere que, a pesar de la baja en los decesos, los incidentes de confrontación y las agresiones directas continúan siendo una constante en el territorio sinaloense.
Para los analistas de seguridad en México, este tipo de variaciones en la incidencia delictiva suelen reflejar cambios en las dinámicas de los grupos delictivos o ajustes en las estrategias de contención por parte de las fuerzas federales y estatales. El hecho de que la violencia se manifieste de manera más recurrente en lesiones que en decesos abre una nueva línea de análisis sobre el control territorial y el tipo de enfrentamientos que se están gestando en las calles de la entidad.
La disparidad entre la caída de los asesinatos y el aumento de los heridos por bala obliga a las autoridades de los tres niveles de gobierno a replantear sus operativos de vigilancia y prevención del delito. Es imperativo que las estrategias no solo se enfoquen en reducir el número de víctimas fatales, sino también en el control de armas y la vigilancia en zonas urbanas donde los reportes de personas heridas por proyectil han mostrado una mayor prevalencia.
Al cierre de enero, Sinaloa se ubica en un punto crítico donde las estadísticas ofrecen un alivio parcial, pero la persistencia de las agresiones armadas subraya la urgencia de fortalecer la presencia institucional y las labores de inteligencia para evitar que esta tendencia de agresiones vuelva a convertirse en una estadística de mortalidad al alza en los meses venideros.



